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EDITORIAL

Injustificable abandono de la diagonal 74 en el tramo que une La Plata con Punta Lara

En reiteradas ocasiones se ha tratado en esta columna sobre el avanzado estado de deterioro que vino presentando en los últimos años el camino principal de acceso a Punta Lara, es decir la diagonal 74, un problema que desde hace mucho se ha tornado endémico y que se agudizó al extremo de haberse convertido virtualmente en intransitable, en una situación que por lo visto en todo este largo tiempo no parece quitarles el sueño a los organismos estatales responsables.

Tal como se detalló en la nota publicada en este diario, aquellos lugareños que conocen el pésimo estado que presenta la cinta asfáltica ya conocen que deben transitar con extrema prudencia, entre otros motivos para no romper la suspensión o el tren delantero del vehículo. En cambio para aquellos que no son de la zona y circulan a velocidades más altas, en el primer tramo de la diagonal desde la bajada de la Autopista puede resultar una trampa que desencadene un siniestro vial.

Para muchos vecinos las obras que se realizan en la central Termoeléctrica y el constante paso de camiones cargados, dieron sentencia de muerte a ese tramo de la diagonal. Sin embargo los más memoriosos consignan que el problema de la cinta asfáltica es de larga data y que se agravó por la falta de un plan integral de arreglos.

Concretamente, saltan a la vista los resquebrajamientos y los distintos desniveles que se formaron con la superposición de los riegos asfálticos que intentaron poner un paliativo a los pozos y baches. Las profundas fisuras, el material desprendido y los pozos no hacen más que enlentecer la marcha de los vehículos y poner al borde de un ataque de nervios a quienes están obligados a pasar por allí para llegar a La Plata, entre otras deficiencias que, como el de las banquinas cubiertas de basuras y yuyales, agravan este panorama.

Convendría aquí reseñar que durante gran parte del siglo pasado, en especial hasta la década del ´60, la provincia de Buenos Aires dispuso de una política vial de avanzada, cuyos resultados se tradujeron en la construcción y mantenimiento de miles de kilómetros de rutas troncales y de una red de caminos secundarios mantenidos por la eficiencia de sucesivas administraciones. Y en esa tarea resultó trascendente el rol cumplido por la dirección de Vialidad provincial, que contó con excelentes equipos profesionales y de trabajo.

La declinación posterior fue ostensible y la mejor prueba de ello se encuentra en el deficiente panorama que hoy muestra la estructura vial de la Provincia, cercana a un verdadero colapso. En el caso de nuestra ciudad, como se ha dicho, no sólo la diagonal 74 sino muchos de los caminos de acceso, como el Belgrano, el Centenario y la ruta 11 entre otros, exhiben evidentes señales del deterioro: falta de alumbrado, sucesión de baches y desniveles, señalización incompleta -tanto vertical como horizontal-, carencia de banquinas, pastizales que dificultan la visión lateral, forman parte de esas falencias.

Es de esperar, entonces, que en el caso del principal acceso a Punta Lara -así como en el de las entradas alternativas, como el camino que une Villa Elisa con Boca Cerrada, convertido desde hace años en un virtual sendero selvático- empiecen a encararse los trabajos de reparación que hagan falta, ya que lo que está primeramente en juego es la seguridad de miles y miles de personas que transitan estos caminos. Y para nuestra región, vale reiterar, esos emprendimientos debieran ser considerados, por parte de las autoridades, como obras prioritarias.

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