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UN INSTRUMENTO TRADICIONAL Y ORIGINAL A LA VEZ

Un luthier platense se luce con un charango eléctrico

Mariano Delledonne tiene 30 años y será reconocido por la Unesco

TRABAJO FINO. MARIANO DELLEDONNE, HACEDOR DE INSTRUMENTOS DE CUERDAS, LE DEDICA LARGAS HORAS A SU OFICIO EN EL TALLER DE 68 ENTRE 3 Y 4, DONDE CONSTRUYÓ UN INNOVADOR CHARANGO ELÉCTRICO
TRABAJO FINO. MARIANO DELLEDONNE, HACEDOR DE INSTRUMENTOS DE CUERDAS, LE DEDICA LARGAS HORAS A SU OFICIO EN EL TALLER DE 68 ENTRE 3 Y 4, DONDE CONSTRUYÓ UN INNOVADOR CHARANGO ELÉCTRICO

Es de factura platense, fue elegido por la Unesco entre decenas de artesanías, se exhibió en China y ahora permanecerá para siempre en una sala de exposiciones de Montevideo. El charango eléctrico, una creación del luthier Mariano Delledonne, reúne la doble condición de ser tradicional e innovador a la vez, lo que le garantiza una “permanencia sostenible en el mundo contemporáneo”, según argumentó el organismo internacional al seleccionarlo. Mañana, su autor recibirá la distinción en la Casa Nacional del Bicentenario, en la capital federal.

Delledonne tiene 30 años. Primero fue músico, y aunque nunca abandonó del todo la interpretación (toca la guitarra acústica) desde hace una década se dedica casi exclusivamente a fabricar instrumentos de cuerdas y en especial charangos. En 2007, después de estudiar luthería y de especializarse en distintos pasos del proceso de esta particular fabricación, montó, en una antigua carnicería de 68 entre 3 y 4, su propio taller, un ambiente ganado por el olor a madera, con las paredes tapizadas de cinceles, lijadoras, tornos y escofinas, una gran isla central de madera y guitarras colgadas donde décadas atrás colgaban mediarreses. Allí el joven trabaja, con la sola compañía de la música que elige según el estado de ánimo, largas horas del día.

El charango merecedor de la distinción fue construido con maderas autóctonas (plátano y nogal) y detalles de ébano, wengue y guayacán. Paso por paso, muy lento para conseguir toda la precisión necesaria, Delledonne ensambló los listones del cuerpo, armó el conjunto con el diapasón y el clavijero, talló varias semanas, colocó los mecanismos que convierten al clásico instrumento andino en eléctrico y se dedicó a lustrarlo durante un mes y medio.

Se trata de una pieza que fue encargada por un músico porteño que generosamente la “devolvió” al luthier, a sabiendas que podía no recuperarla más, para que fuera presentada en la cuarta edición del “Programa Reconocimiento de Excelencia para Productos Artesanales Mercosur”, que tuvo lugar en Salto, Uruguay. “El cliente está muy contento con la distinción. Igual, ahora tengo que fabricar otro para reponerlo. Por supuesto que ese trabajo está entre mis prioridades de estos meses”, resalta Delledonne.

Este tipo de obras, en las que no se repara en gastos materiales ni de tiempo, se cotizan. “No hay un precio establecido, porque, por ejemplo, el charango eléctrico distinguido fue encargado el año pasado a un valor de ese momento. Pero creo que hoy no sale menos de $20 mil”, confía el joven.

Con cada creación, el luthier apunta no sólo a construir una herramienta musical que produzca el mejor sonido sino también a lograr un instrumento único por su belleza. Ahora, por caso, está a punto de embalar un instrumento nuevo, el invento de un compositor boliviano que le encargó a Delledonne la fabricación de la pieza. Se llama “Seis” por la cantidad de grupos de cuerdas que posee, es pequeño y tiene incrustaciones de nácar.

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