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Gustavo Garzón: “Quise mostrar a un hombre sufriendo por amor”

En el “falso biomelodrama” que escribió y protagoniza, el actor es Joaquín V. González, un hombre que se enamora por primera vez a los 70 años. Esta noche llega a La Plata con una obra atravesada por la emoción y la memoria

gustavo garzón es joaquín v. gonzález en “un hombre solo es demasiado para un hombre solo”

“Mi encuentro con Joaquín V. González fue mágico”, aseguró Gustavo Garzón (70), en relación al particular nombre que eligió para el personaje que encarna en la obra “Un hombre solo es demasiado para un hombre solo”, con la que llega a La Plata.

Aunque lo eligió porque le gustaba cómo sonaba, y lo conocía por la calle porteña, una serie de sucesos extraños terminaron convirtiéndolo en un fan del fundador de la UNLP y su primer presidente. “Últimamente, todos los caminos me llevan a él”, admitió, entre risas, en diálogo con EL DIA.

Y no lo dijo solo por su presentación en la Ciudad, que será en la sala de La Nonna, desde las 21, bajo la dirección de Julia Morgado y acompañado en escena por Vicky Baldomir. Sino por todo lo que llegó después de que bautizara así a su personaje porque “no quería que se llamara Gustavo Garzón”, aunque tiene muchísimo de él y de su historia.

“Conocí al gobernador de La Rioja -de donde era oriundo el político, educador y escritor- y detrás suyo había un cuadro enorme de Joaquín V. González con ‘La lección de optimismo’ -incluido en su discurso “La universidad y el alma argentina” de 1918-. Fue una situación increíble. Ahí me contaron quién había sido realmente y empecé a admirarlo muchísimo”, contó el actor, que llevó ese cuadro a escena.

Desde entonces le empezaron a pasar cosas muy particulares: “conocí al bisnieto real de Joaquín V. González, vino su familia a ver la obra, me contactó la Asociación Gonzaleana y ¡ya me siento casi de la familia! Y traerlo ahora a La Plata tiene algo muy especial, porque es una ciudad profundamente atravesada por su figura”, remarcó el autor.

-En la obra hablás de un hombre que se enamora por primera vez a los 70 años. ¿Qué te interesaba explorar de ese amor tardío?

-La obra cuenta la historia de un hombre que nunca conoció el amor en su familia, que nunca aprendió qué era estar enamorado. Y cuando lo descubre a los 70 años, se le mueve toda la estantería. Aparece un estremecimiento emocional que no sabe manejar. Entonces entra en tensión entre seguir ese amor o conservar la vida que construyó con su compañera de hace 40 años, con quien tuvo hijos y armó una familia. La obra reflexiona sobre la diferencia entre amar y estar enamorado.

-Y también lleva la vulnerabilidad masculina al escenario, algo que no es tan común.

-Sí, es cierto que el tema del amor y los hombres en el teatro no es tan común como en la música, por ejemplo, donde todos los músicos, compositores y poetas en general hablan de amor. Y esto de mostrar a un hombre exponiendo su sufrimiento, su tormento, la vulnerabilidad, lo que implica dejar el hogar, que es lo que le pasa al personaje, necesité exponerlo: tuve ganas de mostrar a un hombre sufriendo por amor. Me parece que puede ser sanador para mucha gente. Los hombres lloran viendo la obra, cosa que yo nunca había visto, y yo me conmoví al escribirla y me conmuevo al hacerla.

-Aunque escribiste para otros formatos, y adaptaste otras obras, esta es la primera que escribís y para vos como protagonista. ¿Cómo fue ese proceso?

-Fue un proceso muy intenso y muy revelador. La directora, Julia Morgado, colaboró muchísimo conmigo: prácticamente parimos juntos la obra. Después yo tomé la iniciativa de la escritura, pero ella me apuntaló, me corrigió y le dio teatralidad a mis palabras.

La escritura me obligó a volver a mi infancia, a los primeros vínculos amorosos, a mis padres, a la adolescencia y al despertar sexual. La obra va permanentemente del pasado al presente: el presente está más ficcionado, pero el pasado tiene mucha verdad de mi propia vida. Ahí se ve cómo todo lo que uno vivió en la infancia termina relacionado con lo que vive a los 70 años.

También fue un proceso muy feliz porque hacía diez años que no podía escribir. Había estado bloqueado. Y, curiosamente, eso mismo le pasa al personaje, Joaquín V. González, que también es un escritor bloqueado.

Yo escribí esta obra para pasarla bien en el escenario: no hay una sola palabra que diga que no me guste decir. Me la escribí a medida. Es la primera vez que hago algo así y la disfruto muchísimo.

“La obra reflexiona sobre la diferencia entre amar y estar enamorado ”

Gustavo Garzón, autor y protagonista de la obra “Un hombre solo es demasiado para un hombre solo”

-Aunque la obra tiene elementos autobiográficos, tiene mucho de ficción y te gusta jugar con la mentira escénica. Incluso la definís como un falso biodrama. ¿Qué te atrae de esa zona ambigua?

-En realidad es un falso biomelodrama, porque tiene algo del melodrama clásico, aunque contado de una manera experimental. La historia es clásica, pero el relato no lo es: va y viene en el tiempo todo el tiempo. Yo ya había hecho un biodrama muy potente, “200 gramos de jamón serrano”, y quedé enamorado del género. Me interesa mucho esa zona donde uno está comprometido con sus propias emociones y con su propia historia, porque ahí aparece una verdad que yo desde la ficción pura nunca había conseguido. Y aun cuando miento, o ficcionalizo partes, la gente duda y no termina de saber qué es verdad y qué es mentira. Me gusta mucho jugar con eso. Creo que ahí el espectador se mantiene atrapado, atento, porque nunca termina de relajarse. Para mí lo peor que le puede pasar a un actor es que alguien se aburra o se desinterese.

-Cómo surge esta forma “experimental” que mencionás en la forma en la que abordaste el relato, con varias escenas muy breves.

-Eso surgió porque necesitaba unir la historia de amor del personaje a los 70 años con todo lo que vivió en la infancia y en la adolescencia. Me interesaba mostrar cómo todo está conectado emocionalmente. Además, esa estructura fragmentada mantiene muy despierto al espectador. Hay algo del ritmo y del desconcierto que hace que nunca termine de acomodarse del todo, y eso me interesa mucho.

-Compartís el escenario con Vicky Baldomir. ¿Cómo fue construir ese vínculo actoral?

-Estoy muy contento porque la química funciona. Ella interpreta a la mujer joven de la que mi personaje se enamora, y en la ficción -y también en la realidad- nos llevamos 32 años. Sin embargo, el vínculo se cree completamente. Y eso también es lo que cuenta la obra: que el amor no tiene edad. Cuando aparece el amor, todo lo demás pasa a segundo plano. No existe la diferencia de edad, no existe nada. Existe el amor.

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