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Una aventura platense: 21.300 kilómetros en moto

Una pareja de novios recorrió Latinoamérica en 66 días. Ahora planean un próximo desafío: llegar hasta AlaskaPor MARÍA VIRGINIA BRUNO

Una aventura platense: 21.300 kilómetros en moto

Una aventura platense: 21.300 kilómetros en moto

Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Venezuela, Brasil, Uruguay y Argentina. Esa fue la ruta que hicieron juntos el platense Julio Palazolo (39), a bordo de una Honda Africa Twin, y su novia Verónica Guardia (36) en una Suzuki V- Strom. El quería conocer el Canal de Panamá y ella, recorrer Sudamérica. En las últimas vacaciones de verano pudieron concretar sus sueños en esta fantástica travesía motociclista.

Ella con protecciones en las rodillas. El con sus incambiables jeans de viaje. Los dos se calzaron el casco, una muda de ropa y emprendieron viaje. Sin demasiada planificación salieron de La Plata el 3 de febrero pasado. Un largo recorrido los esperaba. El doble de su última conquista: Perú y Bolivia (11 000 km) en el 2007. El año anterior, en su primer viaje juntos, llegaron hasta Ushuaia (9 300 km). Se conocieron, como no podía ser de otra forma, en un encuentro de motos en el 2005. Los dos se contaron sus hazañas anteriores y, desde ese día, no dejaron de pensar en compartir nuevas emociones sobre dos ruedas juntos.

"El viaje produjo miles de sensaciones. Muchísimos momentos donde las decisiones formaban parte del camino a seguir porque en ningún momento planeamos enteramente el viaje; la idea era llegar al Canal de Panamá y dar la vuelta por Sudamérica. Y así fue que logramos un viaje excelente en el que el disfrute es personal, individual; cada vivencia es diferente, cada uno percibe muy distinto, siente y maneja resolviendo situaciones y obstáculos en el camino, cada uno con una historia distinta a pesar de hacerlo juntos", manifiesta Verónica quien asegura que "tener un novio que le guste como a mí viajar es lo más maravilloso que me pudo pasar en el mundo y, sobre todo, que confíe en mis habilidades motociclísticas que no es poco".

Hasta Perú

En el primer día de viaje estaban en Salta y en el tercero, en San Pedro de Atacama, Chile. En el cuarto llegaron a Moqueguá, Perú. Guiados por los consejos de los vecinos y buscando, más que nada, la tranquilidad de los paisajes recorrieron las costas peruanas escondidas de las grandes urbes, alejadas de la televisión, la radio e internet. Disfrutaron la hermosura y la serenidad de Puerto Inca y lo contrarrestaron con el desolador paisaje de Pisco, en donde fueron testigos de los vestigios del terremoto que destrozó la ciudad.

El tránsito en Lima fue "caótico" y el "afrodisismo" de Huancacho los cautivó (así como también una tradicional competencia de barquitos de totora). En Lambayaqué apreciaron la cultura autóctona y de ahí directo a Piura, en el décimo día de aventura, una de las últimas ciudades peruanas cerca del límite ecuatoriano.

Ecuador - Colombia

En Ecuador comenzó la odisea. Sin saberlo transitaban por la misma ruta donde "La Niña" descargaba su furia natural. "Fue el tramo más difícil que nos tocó. Tardamos seis horas en hacer 200 km hasta llegar a Loja. El camino estaba en muy mal estado y ya de por sí es muy peligroso, demasiado sinuoso", asegura Verónica. Pero eso no fue lo peor. El camino hasta el volcán Tungurahua fue "de terror". Llovía, había derrumbes, caminos de tierra que en segundos se volvían de barro, curvas, precipicios. "Ya no sabíamos como manejar".

Pasaron por Río Bamba y se quedaron dos días (13° y 14°) en Baños, la pequeña ciudad que se encuentra en la base del volcán al que querían llegar. "Es un lugar muy turístico. Se puede escalar, hacer canotaje, bunji jumping. Hay aguas termales, todo tipo de flora y fauna. Es precioso", cuentan los aventureros sorprendidos por la inusual forma de protesta de los campesinos de Quito que tiran toneladas de piedras en las rutas y "que las saquen como puedan". Tampoco pudieron dejar de ir a conocer la Mitad del Mundo. La foto de las motos, adelante del monumento, es una de las imágenes más significativas para la pareja.

De Quito directamente a Colombia en el día 17. Recorrieron Ipiales, Popayán (por "la ruta de la muerte"), Armenia. "Acá nos preparamos para cruzar las tres cordilleras (occidental, media y oriental) para llegar a Bogotá. Salimos con mucha lluvia; subimos, bajamos, la ruta era angosta, llena de camiones y el camino sinuoso a una altura de 4.000 mts", cuenta Julio quien asegura que fue uno de los trayectos más difíciles. En Bogotá Verónica le hizo un service a "La Gorda", como cariñosamente le dice a su moto de 1000 cc.

Cartagena les alusinó. "Si me tuviera que ir a vivir a algún otro lugar, me iría allá", manifiesta Julio. Su deseo era conocer el Canal de Panamá. Desde Cartagena se tomaron un avión y pudo concretar su sueño. Después de recorrer todo lo que más pudieron en cuatro días volvieron a Cartagena para continuar con su recorrido que ya llegaba a un nuevo destino.

Venezuela - Brasil

"En Venezuela es más barato llenar el tanque de combustible que comprarte un agua mineral", aseguran. Con 230 dólares hicieron su paso por el país. En el día 33 estaban en Barquisimeto y en el 34 en San Juan de los Morros donde aprovecharon para descansar, evitando Caracas ya que "era imposible entrar por el tránsito". En Bolívar durmieron enfrente del río Orinoco. La ruta de la Gran Sabana les encantó y en el recorrido en avioneta por el Parque Nacional Canaima pudieron incursionar en el "impenetrable". Santa Elena fue la última ciudad en la que aprovecharon a cargar nafta y prepararse para cruzar, en el día 39, a Brasil.

El primer destino fue Boa Vista. De ahí, 800 km seguidos hasta Manaus. Una verdadera odisea fue el viaje hasta Belén. La única ruta en esa época del año, debido a la crecida del río sobre los caminos de tierra, es el Amazonas. "Conseguimos un barco, el "Once de Maio", que era el único que iba para allá. Subimos las motos y esperamos un día para que saliera porque la policía no lo dejaba partir. Viajamos cuatro días. Lo bueno de esta experiencia fue la cantidad de gente linda que conocimos de todos lados del mundo", cuenta Verónica quien quedó fascinada con los "niños amazonas" que se acercaban al barco en canoas y empezaban a cantar para que los pasajeros les tiraran comida, ropa o alguna otra cosa.

En Belén se encontraron con otro fanático motoquero que los fue a buscar y los invitó a su casa. Fueron a Salinópolis y a Atalia. El domingo de Pascua lo pasaron sobre dos ruedas en Sao Luis. Siguieron por Fortaleza, Punta Negra, Maceio. El día 59 entraron en Río de Janeiro. Julio siguió de largo en un semáforo y Verónica dobló. Se perdieron. El llevaba celular y ella tenía toda la plata. Gracias a internet sólo estuvieron separados unas cuantas horas y todo tuvo final feliz. En Sao Paulo estuvieron el día 62. Pasaron por Bombas y Bombinhas, Camboriú, Florianópolis, Garopaba y Osorio. La última parada antes de Uruguay fue Pelotas.

Uruguay - Argentina

En Uruguay pasaron por Punta del Este. "Tomamos algo, estuvimos unas horas y seguimos hasta Punta Ballenas. De ahí a Colonia". Allí se tomaron el Buquebús y, en el día 66, estaban en Puerto Madero. Una hora después habían llegado a su casa de 44 entre 131 y 132. "La casa Palazolo", el tradicional negocio familiar de lubricantes, fue el destino directo de este par de aventureros que vinieron "encantados" con esta travesía que lo único feo que tuvo, para Julio, "fue volver; si tuviera que salir otra vez mañana mismo, ni lo dudo". Ahora los dos planifican sus próximas vacaciones para los cuatro: hasta Alaska con la Honda Africa Twin y con la Suzuki V-Strom.

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