Jóvenes dejan 'jarra loca' y ahora prefieren tomar la 'jarra atómica'
Se trata de la nueva diversión autodestructiva que se comecializa en el circuito nocturno, en boliches donde asiste chicos de clase media. Es una mezcla de bebidas blancas con pastillas psiquiátricas
| 16 de Agosto de 2009 | 00:00
Una jarra de plástico, bebidas blancas mezcladas, un poco de jugo de fruta y pastillas de clonazepán. Así, todo revuelto con cubitos de hielo, se vende en los boliches metropolitanos este nuevo trago bautizado como la 'Jarra atómica'.
Se trata de un demoledor mix consumido por adolescentes y jóvenes con buenos recursos económicos, para diferenciarse de la más barata y bailantera 'jarra loca', hecha con vino y pastillas de ibuprofeno o aspirinas.
El resultado se traduce en noches de mayor violencia, pibes accidentados por conducir bajo los efectos de estas sustancias y guardias de hospitales desbordadas los fines de semana por casos de convulsiones, graves crisis de pánico o directamente coma alcohólico.
La 'jarra atómica' viene ganando terreno en los últimos meses en boliches orientados a clientes de clase media, es decir, con posibilidades de gastar sumas de dinero importantes en una sola noche.
Así, una de estas jarras se puede adquirir por unos 150 pesos, además del “toque” químico que brinda la pastilla de clonazepán, que los chicos consiguen fácilmente -siempre hay un vendedor dando vueltas- a unos 50 pesos la unidad.
La droga clonazepán es la nueva vedette de la noche, dejando atrás al valium, lexotanil y hasta al prozac, que igualmente se siguen mezclando con bebidas.
Un habitual consumidor de 'jarra atómica' en boliches de Ramos Mejía contó que “no hay nada que se le parezca, te vuela la cabeza”. También indicó, marcando un fuerte rasgo discriminatorio, que “la jarra loca no existe, es de pobres (por los chicos habitúes de bailantas)”.
No tienen límites
Norma Arduini perdió a Carla, su hija adolescente, en un accidente. A partir de ese momento se dedicó a recorrer, junto a voluntarios, los alrededores de boliches en su peor momento, los fines de semana, por lo que conoce el descontrol de primera mano.
"El problema no son los chicos pobres, que lamentablemente se vuelcan al paco, sino los jóvenes con padres de clase media o más que salen con mucho dinero. Andan en autos nuevos, van a boliches con la mejor vestimenta, y se gastan en bebidas 500 pesos sin problemas. Después salen, fuera de control, y empiezan los problemas”, dijo Norma.
“Los problemas viales por ingesta de alcohol son protagonizados en un 70% por estos chicos, que no tienen límites en sus familias. El ejemplo de esto surge cuando son detenidos y sometidos a los test de alcoholemia, y se resisten a bajar del auto o entregar los papeles. Incluso, muchas veces amenazan a las autoridades mencionando a sus padres, que tal vez son funcionarios gubernamentales, judiciales, de fuerzas de seguridad o dueños de empresas”.
“No me importa nada”
Sandra Gloriani, asesora institucional en adicciones, consideró que “la adicción en los chicos del alcohol y su mezcla con psicofármacos es un problema que cada día empeora más, mientras se elaboran discursos desde lo dirigencial que no culminan en hechos concretos, como verdaderas campañas de prevención o normativas precisas”.
“Los chicos quieren seguir a ese ritmo todo el tiempo, y aunque no lo deseen su organismo comienza a necesitarlo. Así, aparece la abstinencia y sus peligrosas derivaciones para la salud. Después de un tiempo, presentan mayor tolerancia a las sustancias, entonces redoblan la apuesta, cayendo cada vez más profundo en lo más parecido a un pozo ciego sin retorno”, dijo la especialista.
Por su parte, Claudio Izaguirre, especialista en adicciones, consideró que “actualmente, 9 de cada 10 chicos están expuestos a las drogas y el alcohol, en medio de la permisiva realidad actual, por lo tanto lo único que los pibes necesitan para hundirse en lo profundo de esta problemática es atravesar por alguna depresión, muy típica de esos años, al margen de la clase social a la que pertenezcan”.
Esto último está avalado por las estadísticas: la reciente Encuesta de Conductas de Riesgo en Adolescentes (CORAL) que se realiza todos los años en la provincia de Buenos Aires arrojó que el 82,2% de los alumnos en escuelas secundarias consume bebidas fuertes y el 56,1% reconoce haber ingerido “bebidas fuertes mezcladas con energizantes”.
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