Hugo Bautista Baldi

Fue un destacado comerciante de la Región que desarrolló una activa participación en la Federación de Mayoristas y Proveedores del Estado, en la Cámara de Comercio e Industria de La Plata y en el Rotary Club Meridiano V, entre otras instituciones; por eso el fallecimiento de Hugo Bautista Baldi causó una profunda tristeza en distintos círculos sociales de la Ciudad.

Había nacido el 2 de enero de 1922 en La Plata, en el seno del hogar conformado por sus padres Herminia Bovari y Ernesto Baldi y su hermano Ernesto. Cursó sus estudios primarios en la Escuela Nº 58, ubicada en 18 y 71, corazón del barrio Meridiano V, donde vivió durante 60 años, aunque antes de casarse se radicó durante algún período en Angel Etcheverry.

En el año 1951 consolidó su proyecto familiar junto a Lilia Longoni, y de la unión nacieron sus hijos Lilia Estela y Néstor Hugo, que a su vez le dieron cuatro nietos: Sofía, Juan Pablo, Mauro y Lucía.

En el plano laboral fue un comerciante emprendedor que se dedicó al rubro del bazar. Se inició en la zona de 17 y 71, con una sociedad a la que dio el nombre de Baldi-Gelatti. Años después montó un negocio mayorista en 69 y 15. En otro orden, se desempeñó como integrante del directorio del Banco Provincia durante la gestión del gobernador Alejandro Armendáriz.

Tuvo una ardua e inagotable actividad institucional en la Asociación Propietarios de Ferreterías, Bazares y Afines -FEYBA-, de la que fue presidente durante varios períodos y actual vicepresidente. También fue miembro del directorio y colaborador permanente del Consejo Directivo de la Federación de Mayoristas y Proveedores del Estado de la Provincia de Buenos Aires -FEMAPE- y presidente de la Cámara de Comercio e Industria de La Plata.

Como dirigente rotario desarrolló una incansable tarea en el Rotary Club La Plata Meridiano V, entidad que presidió durante una larga etapa y a la que siempre permaneció unido.

En los últimos cuarenta años mantuvo el hábito de reunirse una vez por mes con sus ex compañeros del servicio militar, muchos de los cuales a lo largo de la vida se convirtieron en entrañables amigos. También cosechó grandes afectos en el grupo del Centro Vasco donde solía jugar a las cartas.

Su cordialidad y simpatía fueron dos de las virtudes que pusieron su impronta en cada etapa y lo convirtieron en una persona convocante, centro de entusiastas encuentros que le dejaron innumerables amigos. En el último tramo de su vida sumó a sus afectos a su asistente Araceli Soroa y a Fernando, Lorena, Nico y Vanesa, jóvenes que lo acompañaron en sus momentos más difíciles.

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