Fundada el 16 de junio de 1938 -en rigor, comenzó en un salón de la vereda de enfrente y al poco tiempo se cruzó a su ubicación histórica-, La Aguada supo ser un punto de referencia por el que pasaron dirigentes y profesionales locales, figuras del deporte y el espectáculo, e incontables diputados y senadores bonaerenses provenientes de la vecina Legislatura, todos atraídos por su impronta sin lujos pero con precios razonables y porciones abundantes.
Los memoriosos recuerdan que René Favaloro, José María Mainetti, Raúl Alfonsín, Cristina Fernández y Néstor Kirchner, Oscar Alende, Hipólito Frangi, Osvaldo Zubeldía, entre muchos otros, almorzaron o cenaron allí en alguna etapa de sus vidas.
A partir de los años ‘90 del siglo pasado, a pesar de que una clientela fiel siguió visitando periódicamente el local, el avance de nuevas modalidades gastronómicas como tenedores libres, “chinos”, pizzerías y restobares, prologó la crisis de los establecimientos clásicos.
Alfredo Almeyda desembarcó cuando promediaba 1969, y fue testigo de lo que describe como una “edad de oro” de los restaurantes tradicionales: “Lugares como Teutonia, Abruzzese, Las Malvinas, La Estancia, trabajaban a salón lleno, y también nosotros. Pero este presente no es casualidad, a casi todos los históricos les va llegando, sólo basta ver el cierre de El Parlamento, hace poco, acá nomás”.
“Hay quienes vinieron por primera vez siendo novios y ahora son bisabuelos” destaca Almeyda: “acá se entabla una relación con el cliente, muchos pasan a ser amigos de la casa, eso se va a extrañar”.
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