Más allá de que el Banco Central esta alcanzando sus objetivos monetarios y de frenar al dólar, ese misma política monetaria restrictiva empeora las perspectivas de reactivación económica para los próximos meses.
Ello debido a que tasas de interés elevadas encarecen el financiamiento para familias y firmas, restringiendo el consumo y la inversión privada en el corto plazo.
Ese efecto se ve potenciado por el aumento en el costo de oportunidad del gasto (mayores tasas incentivan el ahorro) y una caída en el valor actual de los activos utilizados como garantía de préstamos.
La suba de la tasa de interés de referencia también afecta la oferta de crédito, desplazando al sector privado por el público.
Los bancos ven en el Banco Central y en el Tesoro acreedores virtualmente sin riesgo dispuestos a pagar una buena tasa de interés por hacerse de dinero a corto plazo, lo cual los hace clientes más atractivos que muchas empresas, más allá de que éstas soliciten menos préstamos debido a las condiciones macro.
El mercado crediticio refleja esta situación. El stock real de créditos hipotecarios, prendarios y personales cayó en abril un 19%, 14% y 5% respectivamente en términos anuales. Solamente el financiamiento vía tarjeta de crédito se mantuvo a flote aunque su demanda se desaceleró fuertemente en lo que va del año.
En este contexto el Banco Central priorizó la construcción de credibilidad. Las presiones del Ministerio de Hacienda para oxigenar la economía se hicieron sentir la semana pasada, a lo que la autoridad monetaria respondió bajando medio punto la tasa de las Lebacs a 35 días.
Sin información concluyente respecto al sendero de los precios el recorte fue leído como un gesto simbólico, sin efecto económico en lo inmediato pero que levantó dudas respecto al compromiso del Banco Central por cumplir sus propios objetivos y mantener la autonomía de instrumentos.
A diferencia de la semana anterior, en la licitación del último martes el Banco Central mantuvo la tasa de referencia y priorizó la reputación. La postura cautelosa es bienvenida si se tiene en cuenta que la estructura de precios todavía está sintiendo los efectos del cambio de precios relativos y las expectativas de inflación para los próximos 12 meses están por encima de los objetivos declarados (30-36% según la Universidad Torcuato Di Tella, 33% de acuerdo a Consensus Forecasts).
El Banco Central confía en que, más temprano que tarde, la inflación comenzará a desacelerarse y las expectativas convergerán hacia la meta pero no parece dispuesto a arriesgar credibilidad antes de tiempo.
LOS PRECIOS
Los datos de inflación de abril aconsejan mantener el sesgo contractivo de la política monetaria. De acuerdo al IPC relevado por la Ciudad de Buenos Aires, los precios al consumidor se incrementaron un 6,5% mensual el mes pasado, llevando la variación interanual al 41%. La inflación de abril se vio fuertemente afectada por los incrementos en las tarifas de agua, gas y transporte público (incidencia de 3,4 puntos sobre la tasa mensual).
De todas formas, el problema excede cuestiones puntuales, dado que la inflación subyacente fue de 2,8% mensual o 37% anual.
En base a la nueva información se comprende la postura del Banco Central de trabajar para llevar la inflación del 2016 lo más cerca posible al 25% anual: para alcanzar dicha cifra el IPC-CABA debería aumentar, de mayo en adelante, 0,6% mensual promedio. Incluso asumiendo una fuerte desaceleración de la inflación, la suba de los precios minoristas en el ámbito porteño finalizaría el 2016 más cerca del 36%.
A la luz de los hechos, cualquier intento de adelantar la reactivación vendrá por herramientas no monetarias.
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