La reina Isabel II de Inglaterra reapareció ayer en público, después de 19 días sin ser vista y de superar sus problemas de salud, que la obligaron a ausentarse de las celebraciones de Navidad y Año Nuevo, por primera vez en 28 años. Vestida de azul eléctrico, la monarca, de 90 años de edad, asistió a la misa dominical de mediodía de la iglesia de Santa María Magdalena, próxima a su casa de descanso de Sandringham, en el noreste de Inglaterra, donde pasará todo este mes, tras ausentarse por un fuerte resfrío.
Acompañada de su esposo, el príncipe Felipe, de 95 años, quien también estuvo resfriado, así como por los duques de Cambridge, el príncipe William y su esposa Kate Middleton, Isabel fue recibida por un pequeño grupo de feligreses con vítores y aplausos. El resto de la familia de Middleton (su hermana Pippa; su madre Carole; su padre Michael y su hermano James) también participaron en el servicio religioso, mientras que los grandes ausentes fueron los pequeños hijos de los duques de Cambridge, George y Charlotte.
Pese a que el Palacio de Buckingham aseguró que la reina mantuvo su actividad a puerta cerrada por prescripción médica, las especulaciones sobre su grave estado de salud se hicieron eco en la prensa nacional e internacional.
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