El papa Francisco dialogó ayer desde el Vaticano con un grupo de seis astronautas que están en la Estación Espacial Internacional (EEI) a 400 kilómetros de la Tierra, y los definió como “representantes de la raza humana”, en una emotiva comunicación.
Con una escenografía cinematográfica, el Pontífice se comunicó desde una sala contigua al Aula Pablo VI, donde sentado en penumbras tras un escritorio intercambió opiniones y destacó la labor de los seis hombres de Estados Unidos, Rusia e Italia.
“La astronomía nos hace contemplar los horizontes sin fin del universo y suscita en nosotros las preguntas dónde vamos y de dónde venimos. Le pregunto a usted cuál es su pensamiento sobre el hombre en el Universo”, inició el Pontífice el diálogo apenas pasadas las 15 de Roma (10 de Argentina).
“Santo Padre, esa es una pregunta compleja. Yo me siento técnico, ingeniero, me encuentro bien tras máquinas y experimentos. Pero cuando me hacen esas preguntas también me quedo perplejo, es un discurso muy delicado. Nuestro objetivo aquí es conocer nuestro ser y llenar el conocimiento, comprender lo que nos rodea. Cuando más sabemos más nos damos cuenta de lo poco que sabemos”, le respondió el italiano Paolo Nespoli, que hizo de intérprete y nexo en el espacio.
Sentado con un cuadro que contenía el verso con el que concluye la Divina Comedia de Dante (”el amor que mueve el sol y otras estrellas”), Francisco preguntó sobre esa afirmación a los astronautas, en la segunda comunicación de un Pontífice a la EEI tras la de Benedicto XVI, en 2011.
“Sustancialmente el amor es esa fuerza que te da arriesgar la vida por algún otro”, respondieron, luego de que uno de los rusos remarcara que está leyendo “El Principito”, de Saint Exupery.
“Es verdad: sin amor no es posible dar la vida para algún otro. Se ve que usted ha comprendido ese mensaje que muy poéticamente explica Saint Exupery y que ustedes rusos tienen en la sangre, en su tradición tan humanística y religiosa. Es verdad, gracias”, remarcó Francisco durante el diálogo de 24 minutos.
“Querría decir queridos hermanos, porque los sentimos como representantes de la raza humana en el gran experimento de investigación que es la EEI. Les aseguro, rezaré por ustedes y vosotros por favor, recen por mi”, finalizó el obispo de Roma.
EL HOMBRE EN EL COSMOS
El papa Francisco continuó preguntando a los tripulantes sobre su vida en ese “pequeño palacio de cristal”, pero también sobre el poder del amor o el lugar del hombre en el Cosmos.
“Santidad -señaló el italiano Néspoli- bienvenido entre nosotros a la EEI, a la expedición 52 y 53. Buenos días o buenas tardes, porque cuando se está en el espacio nunca se sabe”.
Francisco también demostró curiosidad por el momento en que decidieron dedicar su vida a estudiar el espacio exterior, y Ryazanskiy confesó que su inspiración fue su abuelo, uno de “los pioneros del espacio” al trabajar en la construcción del primer satélite artificial que orbitó el planeta, el Sputnik 1, en 1957.
“Ha querido seguir los pasos de su abuelo, su legado, porque en su opinión el espacio es interesante, bello, pero también muy interesante para todos nosotros como seres humanos”, interpretó Nespoli a partir de las palabras de su colega ruso.
Bresnik, por su parte, destacó “la perspectiva increíble” que se tiene del planeta, “la posibilidad de ver la Tierra un poco con los ojos de Dios, ver su belleza y su inconmensurabilidad”.
“A nuestra velocidad orbital de 10 kilómetros por segundo, vemos la Tierra con otros ojos: la vemos sin fronteras, con una atmósfera tremendamente fina y frágil, y mirarla de este modo nos permite pensar como seres humanos que deberíamos colaborar por un futuro mejor”, dijo el astronauta estadounidense, a lo que Francisco cerró la conexión con una pregunta sobre el día a día de los cosmonautas y sobre su capacidad de colaboración en el espacio.
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