Por RICARDO ROSALES
¿Valía tanto esfuerzo y costo político para el Gobierno las reformas en debate y los ahorros del gasto alcanzado? La elite económica, el establishment de los economistas se dividen en dos bandos básicos: los que advierten que el déficit fiscal es un problemón y la clase política mira para otro lado; y los que imaginan que la discusión está en el margen, un poco más o menos, avalando la vía gradualista.
Mientras exista un timón político firme del presidente Mauricio Macri, la economía se emprolijará y saldrá a salvo de una eventual crisis. Optimistas y pesimistas. La división básica de toda sociedad. Hoy parecen ser muchos más los primeros, aunque le historia indica que todo es cuestión de graduación.
Si la economía argentina sigue en crecimiento durante el año 2018, se fortalecerá la versión gradualista. Y si hubiera algún tropezón importante, volverán a la carga los que esperan cambios más drásticos. Desde el análisis económico, la pregunta señalada más arriba es muy válida: ¿valió la pena gastar tanto capital político de Macri, luego de ganar las elecciones, para avanzar con unas reformas light, que apenas rozan los enormes problemas fiscales de la Argentina?
El mismo Presidente reconoció que “no es sostenible” donde estamos. Pero como ocurre casi siempre, y muchas veces repetida en el pasado, el Gobierno habló de errores de comunicación, quizás para eludir mencionar otros errores mayores.
Los cortocircuitos con la oposición, la CGT el kirchnerismo y el peronismo que no gobierna, eran previsibles. Cualquier debate sobre el sistema previsional sería rechazado desde el inicio.
Pero también existen dificultades dentro del oficialismo, en donde no funciona un bloque monolítico que acompaña al Presidente con cualquier decisión. La “glasnost” macrista abrió los puentes al debate a otros sectores que nunca lo practicaron en el pasado y que interpretan la discusión como una mera campaña de propaganda partidaria. Las violentas manifestaciones son parte de esas mismas concepciones.
La gestión política de las reforma pareció impecable en un primer momento, con el aval de casi todos los gobernadores, con la sola excepción de San Luis. Aunque, apenas se desmenuzaron los acuerdos, quedó al descubierto que las provincias salieron indemnes de sus gastos y que Buenos Aires recuperaba su parte de pastel entregado en los ’80 por el radicalismo. Y que los ajustes inmediatos caían sobre los jubilados.
“La otra razón del rojo previsional es la enorme cantidad de trabajadores en negro. La informalidad laboral está en el orden del 40%”
La equidad de cualquier reforma impositiva o del gasto es un dato básico y crucial. Y esa parte no parece estar cubierta de manera adecuada en la iniciativa oficial. El sistema previsional está quebrado hace mucho tiempo. El kirchnerismo le dio un golpe adicional con un jubileo que mezcló sin equidad a quienes aportaron durante 30 años, con lo que no lo hicieron nunca, agregando más de 3 millones.
La relación en el sistema quedó de esta manera, entre los activos que aportan y los pasivos, en un coeficiente bajo, extremadamente bajo: de 1,3 a 1,4. Con lo cual el desbalance del sistema de hace insostenible en el tiempo. Sería necesario llevar esa relación a 2 activos por cada jubilado para que fuera sostenible.
La otra razón del rojo previsional es la enorme cantidad de trabajadores en negro. La informalidad laboral está en el orden del 40%, una enorme pérdida de recursos para la sociedad. De allí que los ahorros de una reforma más profunda exceden el cambio de una fórmula de calculo, o un bono circunstancial de compensación.
Para que fuera también más equitativa debiera llegar desde muchos lados, y no solo las jubilaciones de privilegio de algunos sectores, de la política o el sistema judicial. El ejemplo de austeridad debería empezar por lo más alto de la representación política de una República.
Hoy otro debate económico dentro del Gobierno, más de coyuntura, entre el Banco Central y el ala más política. Los encontronazos son conocidos, aunque en los últimos días se agregó una puja más abierta, entre el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger y el ministro de Finanzas, Luis Caputo.
Entre las Lebacs y las Letes. Dos instrumentos financieros, que colocan fondos en pesos, pero con diferencias grandes en los rendimientos. Las Letes de Caputo salieron al mercado con 300 puntos básicos menos que las Lebacs del Banco Central.
En el Ministerio de Finanzas creen que las tasas son demasiadas altas y pueden afectar la marcha económica. Y en el Banco Central creen que con ese nivel de tasas se controlará la inflación.
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