La banda se movilizaba en un Peugeot 307 color gris. Recorrían la zona analizando los movimientos en comercios y viviendas, al acecho. La situación propicia para el golpe la encontraron en las inmediaciones del Estadio Único.
En 26 entre 530 y 531, como publicó este diario ayer, sorprendieron a sus víctimas, una jubilada de 70 años y a un joven de 27 allegado a su familia, cuando conversaban en el parque de entrada de la vivienda de la mujer.
Los asaltantes estacionaron, bajaron tres y caminaron hasta donde estaban quienes acababan de elegir para robarles.
Según contó Luciano Calderón (32), nieto de la jubilada, el ataque ocurrió a “las cuatro y media de la tarde del viernes. Mi abuela charlaba en la puerta de su casa con el novio de mi hermana, que había venido a devolver una escalera”.
Esa circunstancia obró en favor de la banda. Según relató el joven, los ladrones iban bien vestidos y se movían sin generar sospechas de lo que vendría.
“Al menos dos de los tres delincuentes estaban armados y los obligaron a entrar a la casa. Además, trajeron precintos y cinta de embalar, que usaron para atarlos”, de pies y manos.
Los ladrones actuaron en la vivienda por un lapso de “unos 10 minutos”, dijo la fuente y reveló que “robaron 1.000 pesos, un televisor y agarraron una mochila en la que cargaron también un iPod y dos celulares”.
Luego se dieron a la fuga dejando a las víctimas atadas. “Mi abuela pudo llegar hasta un cuchillo y le cortó la atadura al novio de mi hermana, que luego la liberó a ella”, contó Luciano.
El joven encontró consuelo en que “más de allá de las ataduras, no los golpearon y se fueron rápido”.
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