Por M.S.
El pedido de desafuero de Cristina Kirchner por parte del juez Claudio Bonadio tiene nulas posibilidades de avanzar en el Senado, donde el nuevo bloque que comanda Miguel Angel Pichetto (paradójicamente enfrentado con la ex presidenta) sostiene el criterio de que ese tipo de sanciones sólo deben recaer sobre legisladores que tengan una condena firme en su contra.
El caso paradigmático en ese sentido es el de Carlos Menem, a quien el bloque justicialista mantuvo a flote en el Senado durante la última década pese a las múltiples investigaciones judiciales que se sustanciaron en su contra, la más resonante de ellas el tráfico de armas a Croacia y Ecuador, cuando era presidente de la Nación. Pero sus colegas senadores lo tuvieron a resguardo.
Cristina Kirchner acaba de jurar como senadora nacional por la provincia de Buenos Aires y el 10 de diciembre asumirá plenamente esas funciones. Lo hará en medio de una fuerte interna con Pichetto, que ayer inscribió un bloque de 21 integrantes en el que la ex presidenta no tiene lugar. Pero aún así, las distintas facciones del peronismo no avanzarán con el desafuero.
En el fondo, lo que se registra en el principal espacio opositor al Gobierno de Cambiemos es un realineamiento en el que Cristina Kirchner está perdiendo terreno de una manera ostensible. De hecho, no sólo Pichetto excluyó a los kirchneristas de la bancada de senadores, sino que en la Cámara de Diputados se conformó un interbloque nuevo denominado Argentina Federal.
Ese grupo reunirá a 35 legisladores, entre ellos 20 justicialistas que en 2016 se habían escindido del FpV kirchnerista; y que ahora suman a otros 15 representantes cordobeses, sanjuaninos, misioneros y tucumanos. Tras la jura de ayer y con más integrantes desde el 10 de diciembre, este interbloque colocó al cordobés Martín Llaryora como vicepresidente tercero de la Cámara baja.
No se trata de un cargo menor, ya que tiene significado político: de la línea de vicepresidencias de Diputados fue desplazado el massismo, que perderá fuerza porque no le fue bien en las últimas elecciones. Mientras que la bancada oficialista (Cambiemos) se engrosará en forma notoria y llegará a 107 integrantes, con lo que quedará a sólo 22 voluntades de conseguir el quórum.
Por eso los 35 diputados que responden a los gobernadores serán decisivos, como así también otros bloques pequeños, con los que el reelegido presidente de la Cámara, el bonaerense Emilio Monzó, mantiene un fluido diálogo político. La misma lógica se aplica al Senado, con la bancada que lidera Pichetto. En juego están las reformas que impulsó Macri tras ganar las elecciones.
La nueva relación de fuerzas que tendrá el Congreso en los próximos dos años muestra el fortalecimiento de Cambiemos, pero la llave para destrabar las votaciones la tendrá el peronismo moderado (no kirchnerista), que en algunos casos se inclinará a favor del Gobierno (en sintonía con el mandato de las Provincias) y en otros negociará o le bajará el pulgar a las iniciativas oficiales.
En lo que no habrá fisuras entre los distintos grupos peronistas de la Cámara alta es en bloquear el pedido de desafuero de la ex presidenta. El reclamo del juez Bonadío (en el marco de la causa por "traición a la Patria" por el memorándum firmado con Irán durante su gestión) debería reunir al menos dos tercios de los votos de los senadores para concretarse. Eso resulta ahora imposible.
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