Una situación controversial se encuentra planteada entre las farmacias y la Municipalidad local, por el presunto incumplimiento de aquellas de una ordenanza que les exige disponer en sus frentes de un pequeño techo, para que puedan guarecerse allí de la lluvia o del frío aquellos clientes que acuden a comprar remedios a las ventanillas de turno. Lo cierto es que los farmacéuticos le niegan incumbencia a la Comuna para intervenir en esta cuestión y, por consiguiente, está claro que esta situación debiera quedar dirimida en algún momento.
Tal como se informó en este diario, la ordenanza 10.165/06 estableció que todas las farmacias que se inauguraran debían contar con “un espacio semicubierto de 2,5 metros cuadrados como mínimo, para la protección de los clientes que concurran los días en que éstos se encuentren de turno”.
La norma sancionada precisa que el refugio debe habilitarse dentro del o los lotes en los que se halle el comercio, pero abre la posibilidad -de no poder dar cumplimiento a esa disposición- de que ese espacio semicubierto avance más allá de la línea municipal, conforme lo estipulado en los códigos de construcción y de uso del espacio público. Además, fijaba un plazo de doce meses para que las farmacias preexistentes adecuaran sus instalaciones.
No han sido pocos los vecinos que en los últimos años vinieron reclamando por las inclemencias climáticas que deben enfrentar ante las ventanillas de las farmacias de turno, en tanto que el autor de la ordenanza cuestiona ahora la mora en que habrían incurrido las farmacias en dar cumplimiento a esa ordenanza, aunque los farmacéuticos insistieron en la posición de que las únicas regulaciones que acatan son las que provienen del ministerio de Salud bonaerense, tal como lo señalaron autoridades del Colegio de Farmacéuticos platense.
Según argumentaron desde el Colegio, “la Comuna no está por encima del ministerio de Salud provincial, que es el que tiene en su órbita de incumbencia todo lo edilicio, con regulaciones estrictas y detalladas”.
Como un principio general, que hace a las ventajas de que siempre existan óptimos niveles en la convivencia social, debiera recordarse que los incumplimientos a las normas, por pequeños que puedan parecer, degradan esa alternativa y, por consiguiente, debieran ser señalados y corregidos con prontitud por los poderes públicos.
En este sentido -dejando momentáneamente de lado la argumentación de los farmacéuticos- pareciera digno de respaldo el reclamo que se formula a las farmacias, encaminado a que cumplan con lo dispuesto por el Concejo Deliberante local cuando les exigió que resuelvan el problema que les plantea a los clientes acudir frente a las ventanillas de turno y no disponer de ningún tipo de protección ante eventuales inclemencias climáticas.
Dados los antecedentes aquí señalados y la situación de colisión que podría encontrarse planteada entre dos niveles institucionales, pareciera conveniente que se buscaran cuanto antes fórmulas que apunten a resolverle el problema concreto a la gente, muchas veces obligada a poner en juego su salud para cumplir, paradójicamente, con la adquisición urgente de medicamentos.
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