El drama de los accidentes de tránsito se cobra en la Región más de 100 muertes por año. En lo que va de 2017, fueron 31 las personas que fallecieron en choques o atropelladas.
Uno de los nombres que figura en esa lista es el de Anabella Tumini, que tenía 24 años, igual que el policía que está imputado en la causa por su muerte, Claudio Ojeda.
Una buena forma de dimensionar la cuestión es conocer a la persona detrás del nombre. Las redes -en su ciudad Tres Arroyos y en el ámbito de la facultad de Derecho de la UNLP- se poblaron de comentarios que destacan sus ganas de vivir, su compañerismo y su ímpetu para trabajar y progresar.
Quiso el destino que su última noche ella viajara en el asiento del acompañante de un auto que quedó destrozado por un choque en 13 y 33, después de haber compartido un buen momento en un cumpleaños de sábado a la noche.
Nelson Tumini, el papá de Anabella, es empleado de la secretaría de Seguridad de aquel municipio y, créase o no la coincidencia, también fue inspector de tránsito durante 16 años. En ese lapso aseguró haber visto “de todo” aunque no un episodio como el que le costó la vida a su hija.
La conclusión que sacó Nelson de todo esto es categórica: “No fue un homicidio culposo. La actitud de una persona que pasa seis o siete semáforos seguidos en rojo y que maneja a más de 100 km/h, tiene que ser considerada como dolo”. Si la Justicia lo entendiera así, la acusación sería la de homicidio con dolo eventual, que contempla la misma pena que un asesinato simple: de 8 a 25 años de cárcel, sin excarcelación.
Nelson desconocía el testimonio del policía que iba al volante del 206, que alegó haber cruzado la esquina de 13 y 33 con el semáforo en verde, en una de las tantas cuestiones que la Justicia tendrá que dirimir.
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