Entusiasmadas por el impulso que le daba a otras mujeres la Casa de la Empleada de capital federal, cuatro jóvenes platenses trabajaron para tener un espacio similar en la Ciudad y el 13 de junio de 1937 asistieron emocionadas a la inauguración de una institución que hoy cumple 80 años. “En esa época no había sindicatos que defendieran a las mujeres, además ganaban menos que los hombres y muchas no tenían un lugar para vivir; por esas razones tres empleadas y una docente se juntaron para que se creara la institución”, cuenta Elsa Nélida Ostinelli - 85 -, desde hace 55 años pieza clave de la Casa de la Empleada que se encuentra en 44 casi 3.
Elsa es socia de la institución desde los 18 años e integrante activa desde 1962, solo un accidente por el que estuvo que estar varios meses internada interrumpió su tarea benefactora. “Esta es una entidad de apoyo para la mujer, ya sea en el plano cultural, material y espiritual, todo se ha hecho con el trabajo desinteresado de mujeres que salían de trabajar a las siete de la tarde y se venían acá a donar dos o tres horas de su día”, agrega quien además del voluntariado construyó una sólida carrera docente.
DISTINTAS ETAPAS
Con una memoria admirable, la mujer reconstruye las distintas etapas de la entidad, desde su hito fundacional cuando, aún sin edificio propio, comenzaron a reunirse en la Acción Católica, hasta la primera mudanza a 4 entre 43 y 44, donde las hermanas de la Misericordia levantaron el establecimiento educativo.
“El 13 de junio de 1950 se puso la piedra fundamental, pero cuando nos mudamos a este edificio, todavía estaba a medio hacer”, apunta la ex presidenta de la entidad.
Por ese entonces, los cursos de corte y confección y de secretaría comercial eran los más requeridos por las jóvenes porque con ellos se adquiría una sólida formación y una rápida salida laboral.
También fue masivo el curso de mecanografía y los interesados en ingresar a Tribunales se capacitaban en ese lugar.
Además en la Casa de la Empleada se fundó la primera escuela de Enfermería que tuvo la Ciudad, precursora de la que luego desarrolló la Cruz Roja.
Sin embargo, las voluntarias de la Casa de la Empleada no solo se conformaban con capacitar a las mujeres para el mercado laboral, sino que las desvelaba la necesidad de levantar un hogar para todas aquellas trabajadoras que no tenían un lugar digno para vivir.
“Teresa Cometto donó unos campos que se vendieron para comprar la casa de 47 entre 5 y 6 donde funciona el pensionado Santa Teresa, en el que viven 22 mujeres y todavía está una de las primeras, una mujer de 87 años que trabajaba como enfermera en el Hospital de Niños”, dice Elsa y rememora que en ese momento debieron hacer la mudanza a pie porque la avenida 44 estaba cortada por otra mudanza, la del Regimiento 7.
La voluntaria destaca que el pensionado fue un verdadero hogar para las jóvenes que trabajaban e incluso alternaban esa actividad con los libros; muchas pudieron ahorrar para comprarse su casa o como recuerda Elsa “salieron de allí con el vestido blanco”.
ESCAPAR DEL TRABAJO ESCLAVO
La historia de Blanca Lagomarsino, la actual presidenta de la entidad, también está ligada estrechamente a la Casa de la Empleada. Correntina de nacimiento, dejó la casa de su familia adoptiva en busca de trabajo.
“En La Plata fui sometida a trabajo esclavo, no conocía ni la calle, pero un día contraje rubéola y como estaba muy enferma, la mujer para la que trabajaba dijo que me daba por muerta y terminé en la casa de las religiosas del Hospital de Niños”, dice Blanca, quien encontró en la hermana Emilia el afecto maternal que hasta entonces no había tenido.
Las religiosas sabían que esa joven no podría vivir mucho tiempo en el hospital y empezaron a llamar con insistencia a Elsa para que le encontrara un lugar en el pensionado Santa Teresa, pero como la casa siempre tenía las plazas cubiertas surgió otra idea.
“Yo ya había perdido a mis padres y vivía sola, entonces le dije a la hermana Emilia que Blanca tendría trabajo y techo y desde hace 29 años vive en mi casa y es como mi hija”, asegura Elsa para construir una línea del tiempo que le pone una cronología a la Casa de la Empleada y a su propia vida.
Ambas presidentas están unidas en el voluntariado y en la vida; ellas coinciden en que lo que mas se necesita no es plata sino tiempo para dar al prójimo.
En la actualidad se ofrecen unos 35 cursos a los que se accede con una cuota que no excede los 500 pesos.
Se dicta: cocina saludable, repostería, pastelería, conserva, dulces y licores, decoración de tortas, catering, porcelana en frío, muñecos en tela, manualidades, vitrufusión y mosaiquismo, marroquinería, pasta piedra, velas y jabones, computación, corte y confesión. También hay cursos de estética como manicuría, uñas esculpidas, depilación, masoterapia, maquillaje profesional y peluquería. Además se ofrecen cursos de inglés, portugués y alemán.
Para conmemorar los 80 años de la entidad, el próximo 24 de junio a las 17 se realizará una misa de acción de gracias en la parroquia del Colegio Misericordia. Una hora después se compartirá un chocolate cuyas tarjetas ya están a la venta y permitirá recaudar fondos para diferentes obras que se llevan adelante.
SUSCRIBITE a esta promo especial