Una nota publicada ayer en este diario aludió a la alternativa abierta en la Ciudad para que muchos jóvenes de la Región puedan encontrar, en los cursos que se dictan en clubes de barrio y centros vecinales, una ulterior salida laboral, ya capacitados en diferentes oficios. Como contexto de esta información, corresponde consignar que estadísticas recientes vienen estableciendo que casi un 20 por ciento de los adolescentes abandonan sus estudios y, entre quienes no lo hacen, más de la mitad muestra un conjunto de conocimientos y destrezas que no supera los niveles mínimos requeridos para desempeñarse hoy en el mercado laboral.
Tal como se informó, afortunadamente son cada vez más los jóvenes que han decidido concurrir a estas instituciones de bien público a aprender un oficio. A su vez, ya son veinte las entidades locales que dictan actividades de capacitación, que cuentan con respaldo que prestan la Universidad Nacional de La Plata, la Federación de Instituciones y la Fundación Florencio Pérez.
Entre los cursos de diferentes especialidades que en la actualidad se dictan, se encuentran los de cocinero de restaurante, repostería artesanal, electricista montador e instalador, cerrajería, mantenimiento de edificios, mecánica automotriz, instalaciones sanitarias domiciliarias, operario de carpintería, soldador y mantenimiento de parques.
Se indicó también que las entidades que prestan estos servicios de inclusión laboral son el club Circunvalación, club de Leones, Deportivo La Plata, el comedor Crecen, el club 19 de Febrero, el hospital Ramos Mejía, la Casita de los Pibes, el club Dardo Rocha, los centros de extensión universitaria de Villa Argüello, El Mercadito, Corazones del Retiro, y también en las facultades de Ingeniería y Veterinarias. Este año, cursan 400 alumnos en total en esta red de inclusión para el empleo.
A grandes rasgos debe decirse que la falta de calificación, la declinación de la educación técnica a raíz de la gran migración que se produjo en la década del ‘90 hacia la educación convencional, despojándose a la primera de infraestructura y personal necesario para formar a los jóvenes en los distintos oficios, devaluándose la excelencia del título de técnico y la creciente necesidad de mayor capacitación que se advierte en esta época son factores que conspiraron para explicar el panorama actual.
En su momento se ponderó en esta columna la puesta en marcha en la Universidad de una escuela de oficios, que hace ya varios años interactúa con las instituciones de la Región para sumarse a las líneas de capacitación no formal como alternativa a la formación de grado, según explicaron las autoridades universitarias. De sobra se conocen, también, los valiosos aportes que durante muchas décadas brindaron las tradicionales escuelas de artes y oficios, nacidas por impulso de Sarmiento cuando era superintendente de escuelas del Consejo Nacional de Educación, luego de ser presidente de la República.
Corresponde ahora reconocer la iniciativa de tantos clubes e instituciones vecinales que comprendieron no sólo las necesidades sociales, sino, también, las enormes posibilidades que abre a los jóvenes y a personas de toda edad el conocimiento cabal de un oficio, ofreciendo sus instalaciones y aportando su personal para viabilizar la organización de estos cursos.
No debiera desestimarse en modo alguno el trascendente rol que cumplen las carreras cortas y, también, la formación de jóvenes en rubros que, como los de cocina, peluquería, carpintería, albañilería, mecánica , gas, plomería y electricidad, entre otros, pueden garantizarles excelentes salidas laborales. Por el contrario, debería verse en ellas una trascendente política social y educativa, así como una alternativa de salida laboral de primerísimo nivel.
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