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La “banda de los nenes” atacó de nuevo y ahora enfrente de la Departamental

Rompieron un vidrio y se llevaron camperas. A uno lo demoraron. Hubo otro hecho en un local de 48, 7 y 8

Por Redacción

Los chicos que no llegan a los 13 años y que se mueven en grupo, ya conocidos en distintas partes del Centro, volvieron a protagonizar algunos robos en las últimas horas. Parte de esos casos se vivieron a la vista de cualquiera. La intimidación que no logran infundir con su estatura la consiguen mediante su actitud.

El último ataque se dio enfrente de la Jefatura Departamental de la policía, en 12 entre 60 y 61, un lugar si se quiere insólito por la constante presencia de efectivos, pero donde también ya hubo más de un hecho de inseguridad.

A las 23.30 del domingo, con ese centro comercial desierto, tres pibes de entre 10 y 12 años caminaban por ahí. De repente, se les ocurrió entrar por la fuerza en un local de ropa de hombre.

Para hacerlo, rompieron la vidriera que da al frente con un objeto contundente. Por lo menos uno de ellos se metió en el negocio y se internó unos metros, hasta un sector donde había camperas en exhibición. El intruso tomó una y volvió al encuentro de sus compañeros.

Un testigo se dio cuenta de lo que pasaba y avisó al 911 en qué dirección se estaban escapando. Los policías encontraron, entonces, a tres chicos que iban por 12 y 66.

“Todos tenían puestas camperas mucho más grandes que ellos”, describieron fuentes del caso. Cuando los agentes les llamaron la atención, dos de ellos alcanzaron a escaparse corriendo.

Solamente a uno, también enfundado en ropa que no era de su talle, alcanzaron a detenerlo. Lo llevaron a la comisaría Novena y desde allí lo derivaron a una dependencia para menores, para luego recuperar la libertad.

Hernán, el dueño de ese comercio, recordó que el año pasado le tocó padecer otros dos robos iguales a este último. “Aquella vez instalamos una alarma, y después de esta de ahora, vamos a poner cámaras”, anticipó.

En 2016, también asaltaron en otros dos negocios cercanos, siempre a metros de una de las principales oficinas policiales de la ciudad.

Hernán confirmó que anteayer no le robaron nada más. Y que deberá desembolsar unos cinco mil pesos para arreglar el vidrio, más otros dos mil en el nuevo sistema de filmación.

en el microcentro

Nadie confirmó que se trate de los mismos chicos, pero las sospechas son concretas. Por las edades, surgió de inmediato la conexión con otro caso de inseguridad en pleno microcentro.

Aquel episodio fue en una marroquinería de 48 entre 7 y 8, donde tres pibes entraron con tranquilidad. En el negocio calcularon que tenían ocho, 10 y 12 años.

Uno subió una esclaera para revisar un depósito, otro fue para el fondo y el tercero se quedó tomando un yogur, haciendo la mímica de que nada pasaba. Eran las 12.30 del sábado. Una cámara de seguridad estaba registrando todo.

Probablemente, les haya servido como aliciente que en ese local había chicas jóvenes atendiendo, algo que suele repetirse en los otros robos cometidos por menores que ni siquiera llegan a la edad de imputabilidad para la ley.

“Uno de ellos alcanzó a agarrar algo de la mercadería como para llevárselo. Lo pude frenar a tiempo, los mantuve a los tres acá dentro y les hablé un poco. Estuve esperando a que viniera la policía, pero tardó mucho. Al final, los dejé irse”, relató el encargado de ese comercio.

En pleno centro platense “todos los conocen” a estos pibes: en general los ven en actitud intimidante y “nunca se sabe lo que pueden llegar a hacer”, expresaron en 48.

La posibilidad de que alguno de ellos tome una actitud agresiva y llegue a lastimar a alguien preocupa a muchos. Así lo analiza un jefe policial: “Suele pasar que, en reuniones contra la inseguridad en barrios, la gente pida acciones de corto plazo. Aunque este problema se soluciona, por lo menos, en el mediano plazo, pero nadie parece querer comprometerse. El sistema los tiene que acompañar para que no vuelvan a hacer lo mismo. La responsabilidad, en definitiva, es de todos como sociedad”.

Sin familia, hogar ni escuela, estos chicos viven a la deriva. Parece demasiado pedir que tengan una actitud distinta cuando, en lugar de jugar a la pelota, la vida les pone un arma de juguete -o de verdad- en la mano.

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