Centro de transferencia de pasajeros de intenso movimiento, punto de largada de los colectivos que reemplazan el servicio ferroviario mientras se concreta su electrificación y eje de una activa zona comercial, la avenida 1 muestra señales de un profundo deterioro en el tramo comprendido entre las calles 42 y 44.
Desniveles y pozos configuran un paisaje que complica a los conductores y pone en riesgo tanto su integridad física, debido a las bruscas frenadas y volantazos que obligan a dar los profundos huellones, como la de las suspensiones de coches particulares y unidades del transporte público.
La sección de asfalto disgregado y desgastado en peores condiciones es la de 1 entre 43 y 44, donde la erosión, que se acelera y profundiza con cada tormenta y su acumulación de agua, dejó al descubierto capas y capas de antiguas pavimentaciones.
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Con todo, la zona de la estación no es la única en la que la fatiga de los materiales, las deficientes técnicas y materias primas utilizadas para pavimentación y el impiadoso clima, que en las semanas recientes entregó lluvias torrenciales una y otra vez, dejan huellas en las superficies de rodamiento.
Asfaltada a nuevo, con un resultado que fue cuestionado por los vecinos y luego “corregida” hace menos de dos años, la esquina de diagonal 74 y 61 ya muestra otra vez cráteres de singular profundidad.
Situados justo antes de la línea de detención de los vehículos antes de la senda peatonal, los profundos pozos provocan desvíos y demoras en una esquina cuyos semáforos son por demás cortos.
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