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Lo que pasa cuando hablamos de sexo en la primera cita

Por Redacción

Pongámonos en situación: la cena, la botella de vino casi vacía y un restaurante en el que, oh milagro, no resuena el ajetreo de camareros, la música o los gritos de las otras mesas. Y, lo mejor: tu cita te gusta. Es el momento de ser uno mismo y, también, de venderse un poco.


Al hablar la conversación se va un poco de las manos. Sin mucho pensar, una cosa lleva a la otra y, como quien no quiere la cosa, la charla encuentra a ambos hablando de sexo.


Un reciente estudio publicado en la revista ‘Personality and Social Psychology Bulletin’ demuestra que el primer desencadenante de la actividad sexual son las palabras.


De hecho, la prueba más evidente de que estamos interesados en mantener relaciones sexuales con la persona con la que hablamos es, precisamente, que estamos hablando de sexo. De lo que hemos hecho, de lo que hacemos o de lo que nos gustaría hacer o que nos hicieran.


Si nos mantenemos en el territorio de las generalidades, hay más espacio para la ambigüedad, pero si hablamos de nuestras experiencias, está claro: nuestra cita nos gusta, y mucho.


Al contrario, claro está, también funciona. Si nuestra cita nos cuenta enseguida cualquier particularidad sexual, menciona como que tal cosa sus preferencias o nos cuenta que no ha podido dormir pensando en la cena-cita, eso es que está interesado en continuar la conversación en circunstancias más ligeras de ropa.


Tener claro que es un indicador de interés sexual no solo es útil si todo conduce a la cama de alguno de los dos, sino también para poder rechazar delicadamente a nuestra compañía.


Al desviar la conversación rápidamente, indicamos al otro que el deseo sexual no corre en ambas direcciones. Sin dolor ni explicitar los rechazos, aún cabe una posibilidad de que surja una bonita amistad.


Una primera cita es una especie de examen. Y ella o él te suspenderán si no sacas una nota muy alta. Entre los consejos que dan los especialistas para tener una buena primera cita si vas a comer a un restaurante están el de buscar un ambiente agradable que cree cierta intimidad. Es básico que te sientas bien y controles la situación, porque así ganás en seguridad. Cuando intentamos aparentar algo que no somos, se ven nuestras carencias. Cuando estamos seguros mostramos las habilidades y los recursos que tenemos.


Las conversaciones de primera cita siguen frases predecibles: de dónde eres, a qué te dedicas. Ese tipo de preguntas no son para una cita, sino para cuando estás en la playa tumbado con un amigo y tienes que matar el tiempo. Lo importante es no caer en el interrogatorio formal, hablar de lo que te guste en ese momento, sin que resulte forzado.


Buscar lugares de manera que la energía fluya de más informales y divertidos a más románticos e íntimos. Y tener siempre a mano, cuando organizás una cita, lo necesario por si la cosa sube de temperatura. Es decir, llevar protección encima.

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