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Dos naves de la NASA ayudarían a alienígenas a “encontrar” la Tierra

Las Voyager llevan mapas sobre la ubicación de la Tierra - shutterstock

Por Redacción

Especial para EL DIA
de National Geographic

Hace 40 años, enviamos al cosmos un mapa con la ubicación de la Tierra. Se grabaron copias de este mapa en ambas sondas espaciales Voyager que fueron lanzadas a fines de la década de 1970 y hoy son las naves que más lejos están de la Tierra. Una de las sondas ya entró al espacio interestelar, y la otra está a punto de hacerlo.

De ser interceptado y decodificado por extraterrestres, el mapa no sólo revelará dónde encontrar a nuestro pequeño mundo acuoso, sino también la fecha en que dejó la Tierra la sonda que lo hizo llegar hasta ellos.

“Necesitábamos poner algo en el Voyager que dijera de dónde provenía, y cuánto tiempo llevaba viajando”, explica Frank Drake, diseñador del mapa.

Ese mapa ubica el sol en nuestra galaxia usando 14 púlsares, estrellas de neutrones pequeñas que giran a gran velocidad. Es un código que nunca antes se había empleado y que actualmente ha generado controversia en torno a la conveniencia de anunciar nuestra existencia a civilizaciones que podrían tener inclinaciones nefastas.

“Cuando Drake hizo el mapa de púlsares, y Carl Sagan y su equipo hicieron la grabación del disco del Voyager, no hubo mucho debate sobre los pro y los contra de entrar en contacto con inteligencia extraterrestre”, cuenta Kathryn Dennin, antropóloga de la Universidad de Nueva York. “Hoy, sin embargo, hay un importante debate entre los científicos y otras partes interesadas acerca de si es o no prudente hacer otra cosa más que escuchar”.

Las indicaciones cósmicas de Drake para llegar a la Tierra están estampadas en la cubierta de los Discos de Oro de los Voyager, dos de los cuales transportan imágenes y sonidos del planeta Tierra por el espacio desde 1977. Pero a diferencia del disco, que alcanzó su forma final durante un corto verano, el mapa cobró forma en 1971. Por entonces, Drake y Sagan estaban diseñando un mensaje para incluir en las naves Pioneer X y XI, que saldrían del sistema solar luego de un encuentro con Júpiter. Uno de los componentes que querían incluir era un mapa que señalara a la Tierra tanto en el espacio como en el tiempo.

La pregunta era, ¿cómo crear ese mapa de manera que los extraterrestres pudieran comprenderlo?

Los años terrestres no les dirían nada, porque derivan del recorrido particular de nuestro planeta alrededor del sol. Y está el tema de las coordenadas: en el espacio, nadie usa arriba, abajo, este u oeste. Las estrellas mismas están cambiando constantemente en las escalas de tiempo astronómico. “La segunda estrella a la derecha y derecho hasta la mañana”, no funcionaría si el mapa es encontrado dentro de mil millones de años y la estrella en cuestión ya murió hace tiempo.

Para Drake, la respuesta era obvia: los púlsares. Descubiertos en 1967 por Jocelyn Bell Burnell, estos densos cuerpos de estrellas extinguidas eran fulgores perfectos, en espacio y tiempo. Para empezar, los púlsares viven mucho tiempo, permaneciendo activos desde decenas de millones de años hasta varios miles de millones de años.

Además, cada púlsar es único. Giran increíblemente rápido, y emiten pulsos de radiación electromagnética como faros. Tomando el tiempo de esos pulsos, es posible determinar la velocidad de giro del pulsar en grado de precisión enorme, y no hay dos iguales.

Pero los púlsares se desaceleran, a veces apenas una mil millonésima de segundo al año, pero es mensurable. Calculando la diferencia entre la velocidad de giro de un púlsar cuando se encuentra el mapa y el período de giro inscripto en el mapa, un ser inteligente puede calcular cuánto hace que fue hecho el mapa.

Si esos seres descubrieron qué son los púlsares, seguramente sepan dónde estaban en la galaxia. Usando el mapa, pueden seguir el camino hacia el sol.

Drake trazó el mapa usando catorce púlsares conocidos. El largo de las líneas que conecta cada púlsar con un punto central- el sol- indica a qué distancia están de casa. Además de esos marcadores de distancia, inscribió las velocidades de giro de los púlsares hasta doce dígitos en código binario, para que cualquier extraterrestre curioso supiera qué púlsares se habían elegido como anclas.

La decodificación del mapa señalaría de manera inequívoca la posición del sol y el marco temporal del lanzamiento de la nave espacial. Y eso pone muy nerviosos a algunos científicos y filósofos.

Cuando fue lanzado el Voyager, los astrónomos no tenían pruebas de que existieran otros planetas fuera de nuestro sistema solar, mucho menos mundos capaces de albergar vida extraterrestre.

Hoy, gracias a misiones caza-planetas como la Kepler de la NASA, sabemos que los planetas son comunes en la galaxia, y que un buen porcentaje de esos mundos podrían ser como la Tierra. La revelación llevó a intentar enviar mensajes de radio dirigidos hacia sistemas estelares prometedores.

A raíz de esos descubrimientos, surgió un debate sobre la ética de anunciar intencionalmente nuestra presencia. Algunos creen que es tonto y peligroso, dado lo poco que sabemos de lo que puede haber más allá. Otros priorizan escuchar a las estrellas en lugar de hablarles.

“En esos días, toda la gente era optimista y pensaba que los extraterrestres serían amigables”, dice Drake. “nadie pensó si esto podría ser peligroso”.

¿Cuáles son las probabilidades de que el mapa llegue a los extraterrestres abordo de los Voyager?

“Muy pocas”, dice Drake. “Viaja a algo así como 10 kilómetros por segundo, y a esa velocidad tardará aproximadamente medio millón de años en pasar de una estrella a otra. Y desde ya, no fue apuntado hacia ninguna estrella, va donde va”.

Si hay alguna civilización extraterrestre con radares suficientemente potentes, podría detectar al Voyager desde lejos. Pero es improbable, según Drake, lo cual significa que las imágenes, sonidos y mapas de la Tierra podrían viajar por siempre silenciosamente por el cosmos.

La realidad es que lo seres humanos han estado anunciando pasivamente su presencia en el cosmos casi durante un siglo mediante transmisiones de radar, radio y televisión. Y con el aumento de las misiones espaciales privadas, quién sabe qué nuevo mensaje a las estrellas será lanzado al espacio.

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