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Se suman voces a favor y en contra de la iniciativa que avanza en el concejo Deliberante

La histórica polémica por el retiro del adoquinado, más candente que nunca

Mientras ediles oficialistas y sectores como el de los taxistas apoyan la remoción del empedrado en diferentes cuadras, referentes de ONGs advierten por la pérdida patrimonial que representaría. La postura de los arquitectos

La histórica polémica por el retiro del adoquinado, más candente que nunca

El adoquinado platense vuelve a quedar en el centro de la escena. Descuidado en diferentes tramos, hay polémica entre quienes buscan removerlo y quienes prefieren preservarlo / d. Ripoll

El proyecto para remover el empedrado en varias calles céntricas de la Ciudad avanza en el Concejo Deliberante, mientras se alzan voces desde diferentes sectores: algunas que apoyan la iniciativa y otras que cuestionan la medida porque, según se cree, no se contemplan otros cambios posibles en la movilidad vial que no obliguen a retirar esas piezas de valor histórico.

Como informó este diario en su anterior edición, la idea que impulsa el oficialismo prevé asfaltar las diagonales 73 y 77 y buena parte de la avenida 66.

Para el arquitecto Jorge Martegani, secretario de Colegio de Arquitectos distrito 1, el tema del adoquinado de las calles no puede estar circunscripto al debate entre quienes están a favor de que se mantengan o los que quieren que se los retire por los problemas que causa en el tránsito. “Ninguna de las dos posiciones es buena si no se analiza la cuestión de manera integral y teniendo en cuenta la movilidad de la Ciudad”, dijo el profesional.

Entre los puntos que abordó Martegani está la falta de equipos técnicos y supervisores capacitados para mantener en condiciones los empedrados. “No todas las calles están de la misma manera, pero no se puede dejar el tránsito librado al azar, ni tampoco descuidar la protección patrimonial”, agregó.

La capacitación y búsqueda de empresas idóneas para mantener las calles adoquinadas es indispensable si se observan las múltiples postales que revelan calles que después de reparadas quedaron aún peor.

En relación a la protección del patrimonio el profesional consideró que no se puede hacer lo que se hizo en las intervenciones de los últimos años.

“Los adoquines quedaron peor de lo que estaban y tampoco se mejoró la circulación del tránsito”, dijo y sostuvo que el tema debe estudiarse a través de varias miradas para lograr un equilibrio entre los conceptos de preservación patrimonial, seguridad vial y crecimiento de la ciudad.

Además propuso un análisis integral para determinar qué calles se pueden mantener en su estado original para que por ejemplo ese recurso genere otra vinculación con el auto como favorecer el tránsito a menor velocidad. A la vez estimó que se pueden fortalecer otras vías para la circulación rápida o para el transporte público.

En relación a la sustentabilidad del empedrado comparado con otros materiales, el arquitecto dijo que su capacidad de absorción pluvial no sería representativa si no se promueven otras medidas absorbentes en espacios públicos y viviendas.

“Los problemas de inundación de la ciudad tienen que ver con la cuenca alta, ya no se absorbe en las afueras, poco cambiaría dejar el empedrado por su capacidad de absorción si no se modifican las veredas y hasta las viviendas”, agregó el arquitecto.

Entre las voces a favor, claro está, aparecen los ediles oficialistas. En declaraciones periodísticas, el concejal Javier Mor Roig explicó que el objetivo de la iniciativa “es aportar a una mayor seguridad vial” y avanzar en “ciertas modernizaciones que tienen que ver con cuestiones circulatorias, con la generación de bicisendas y accesos para discapacitados”. Y en ese sentido, dijo, hay algunas calles adoquinadas representativas desde el punto de vista de lo que implica el empedrado, “no por lo que significan históricamente sino por lo mal que está el adoquinado, por la deformación que tiene”. Y citó como ejemplo, lo que sucede en “12 entre 64 y 68, frente al Parque Saavedra, que el adoquinado está con lomadas”.

Quienes apoyan el proyecto afirman que servirá para mejorar la seguridad vial

Desde distintas ONGs advierten por la pérdida de un patrimonio cultural e histórico

 

“Lo más importante es velar por la seguridad de la ciudadanía, por brindar calles seguras, por empezar a cambiar la cultura de la calle, darle prioridad al transporte público, a la bicicleta y al peatón”, dijo. Y argumentó que “entonces es necesario “aggiornar” y modernizar estos temas circulatorios. Si bien el adoquinado es lindo” resaltó que fueron “pensados para principios del siglo pasado. Y han pasado no sólo cien años sino que han cambiado las maneras de circular y creemos que hay que “aggiornarlo”, argumentó el edil.

Según se informó, de las 1.600 cuadras del casco urbano, son 245 las que quedan con adoquines y entre 40 y 50 las que serían intervenidas en el corto plazo. Alrededor de 200 permanecerán adoquinadas, en “espacios de preservación”, como Meridiano V y Tolosa. Desde la comuna agregaron que en algunos sitios “el adoquinado será tapado por una capa asfáltica” y en otros se va a levantar. “Los que se extraigan, que no son la totalidad (en la mayoría de los lugares va con capa asfáltica, con los desagües correspondientes) van a ser preservados y custodiados por el Municipio para ser reutilizados en lugares donde se requieran adoquines, y en otros lugares que son específicos de preservación”, aseguró Mor Roig.

CUIDAR EL PATRIMONIO

Por su parte Pedro Delheye, miembro del ICOMOS - Consejo Internacional de Monumentos y Sitios - fue categórico al afirmar que “el Concejo Deliberante nunca actuó en defensa del patrimonio, el gran problema es que en la Ciudad no hay bienes protegidos”.

Después de reconocer que los temas patrimoniales siempre generan conflictos, se inclinó por la búsqueda de soluciones que no tengan que ver con sacar los adoquines. “No hubo instancias de resolución, ni participaron especialistas, los adoquines se pueden reparar y planificar una ciudad que cuide su patrimonio a través del diálogo”, agregó el arquitecto.

“El Concejo nunca actuó en defensa del patrimonio; en la Ciudad no hay bienes protegidos”.

Pedro Delheye, Miembro del ICOMOS

“Lo importante es velar por la seguridad de la ciudadanía; es necesario modernizarse”

Javier Mor Roig, Concejal oficialista

Delheye destacó que en el Concejo Deliberante local no hay normativas de preservación patrimonial y se preguntó por qué se modificaron los criterios que antes valoraban la riqueza histórica de los adoquines.

Horacio de Beláustegui, al frente de la Fundación Biosfera, se expresó a favor de la preservación de los adoquines porque son parte del patrimonio cultural, “no es cuestión de sacarlos sino de repararlos, si no funcionan es porque están lleno de sustancias impermeables, no quiere decir que el empedrado no funcione”.

Por su lado, desde la asociación Hoja de Tilo recordaron que el 16 de mayo pasado le enviaron una nota al intendente Julio Garro solicitando “un especial tratamiento a la cuestión” y un debate público que, consideran, “nunca se dio”. Enfatizaron que el empedrado, además de ser un patrimonio arquitectónico “hace al entorno de la Ciudad” y reclamaron que los ediles “reflexionen” y la medida “se discuta con la gente”.

También en la línea de que se capacite personal para el mantenimiento de los empedrados, de Beláustegui puso como ejemplo el empedrado que bordea el Hogar Marín que, pese a ser reparado en dos oportunidades, ambas veces se hizo mal.

Como contrapartida, el titular del Sindicato de Conductores de Taxi, Juan Carlos Berón, se expresó a favor de retirar los adoquines, aunque a su juicio deberían quedar algunos como testimonio de la época fundacional. “Hace meses presenté un proyecto para asfaltar arriba de los adoquines como se hizo en casi toda la ciudad, pero con la salvedad de dejar algunos como patrimonio histórico”, aclaró el taxista. Su experiencia al volante lo llevó a tomar posición para que esas históricas piezas se remuevan principalmente en la avenida 7 desde las avenidas 66 a la 72, una zona donde la falta de mantenimiento provocó que la calle tenga un sinfín de “serruchos” que terminan ocasionando roturas de trenes delanteros, según dijo.

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