Las lluvias que se descargaron anoche sobre la Región fueron un bálsamo para grandes extensiones de campos periódicamente a merced de los incendios. Para cuando cayeron los primeros chaparrones, poco antes del atardecer, ya habían ardido numerosas hectáreas en las localidades de Los Talas y El Peligro, nuevos episodios de una temporada que los bomberos reconocen como “de las peores en muchos tiempo”.
En los bañados y pajonales berissenses, tres dotaciones de voluntarios del distrito debieron trabajar doce horas -con la ayuda de un helicóptero del Plan Nacional de Manejo del Fuego- para controlar un siniestro declarado a la altura de ruta 11 y 635. Anteayer, el fuego había aflorado en Montevideo y 97, zona que permaneció en proceso de revisión y vigilancia.
En el oeste platense, los voluntarios de El Peligro, al mando del suboficial Leonardo Compagnucci, debieron acudir al kilometro 43 de la ruta para combatir durante una hora un incendio que se acercó peligrosamente a instalaciones de la red de gas natural.
Después, los mismos efectivos se trasladaron sucesivamente a 424 y 222, 423 y 225 bis, y 447 y 182. “Es una temporada terrible” admitió Compagnucci: “el sábado pasado, se quemaron quince hectáreas atrás del autódromo Mouras, y otras 15 en 408 y 202. El domingo, salimos a 178 entre 425 y 430, y 406 y 202. No hay descanso”.
El jefe de Bomberos Voluntarios de Berisso, Roberto Scafati, conforma que “seguramente estamos ante el peor año de los últimos diez, y casi llega a compararse con los peores de la década del ‘80, cuando se llegaron a registrar cien incendios en un mes”.
“Hay un aumento en la cantidad y gravedad de los siniestros” sostuvo el experto: “debido a esta sequía histórica, un mínimo foco se generaliza en cuestión de minutos y avanza porque están debilitadas las barreras naturales. En los últimos días, las llamas pasaron por encima de los bañados, que habitualmente les ponen freno”.
En esos parajes casi inaccesibles, los bomberos trabajan con camionetas livianas y kits de “ataque rápido”, de 1.500 litros; quedan fuera de juego autobombas que en un solo viaje puede cargar hasta cinco o diez veces esa cantidad. Al mismo tiempo, se pelea de manera “artesanal”, con mochilas forestales hidrantes que arrojan agua pulverizada -poco efectivas en pajonales pero funcionales para pastos cortos-, y látigos, palos con mangueras viejas desflecadas que al golpear quitan oxígeno a la combustión.
“Las causales son casi siempre humanas” sentencia Scafati: “es gente que quiere limpiar los campos y erradicar los pastizales, pensando en que ya lo hicieron otras veces y lo pueden pilotear, y se les va de las manos”.
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