Triunfó la inestabilidad en un país que no acierta a establecer un sistema electoral que le permita salir de su histórica fragilidad política. Un tema que intentó superar una flamante ley estrenada ayer, que no hizo más que profundizar los interrogantes y que deja en las manos de arduas negociaciones un resultado electoral donde muchos se proclaman ganadores, pero que necesariamente alumbrará otro gobierno débil.
Así, más allá de que el partido de Beppe Grillo se proclame ganador y la Liga del Norte quiera disputarle a Silvio Berlusconi el liderazgo de un nuevo gobierno de centroderecha -ahora más volcado a posturas extremas-, el fantasma de la ingobernabilidad, que suele sobrevolar a Italia vuelve a ocupar el centro de la escena, generando la preocupación de una Unión Europea ya duramente golpeada por el Brexit, el independentismo catalán y crecientes movimientos euroescépticos.
Pero las alarmas esta vez sonaron con más fuerza. Si finalmente Luigi di Maio (del Movimiento Cinco Estrellas, los “indignados” de Italia) se convierte en la cabeza del Ejecutivo o Matteo Salvini (de la ultraderechista Liga del Norte) se queda con la representación en su alianza con Berlusconi, se abre paso a un terreno absolutamente desconocido, en uno de los países fundadores de la unidad europea.
Lo cierto es que los resultados conocidos ayer alarmaron aún más de lo esperado a los líderes europeos y no es para menos: que más allá de las dificultades para formar el próximo gobierno, casi la mitad de los italianos dieron un voto de protesta contra el establishment político, según revelaban los primeros datos del escrutinio definitivo que se conocían al cierre de esta edición.
Casi uno de cada dos electores habría marcado en su papeleta a Cinco Estrellas de Di Maio o a la Liga del Norte de Salvini, dos partidos considerados antisistema, euroescépticos y con un duro discurso anti inmigrantes.
Y, como si fuera poco, al menos hasta el cierre de esta edición por primera vez en la historia, La Liga se habría convertido en la primera fuerza de la derecha italiana, superando a Forza Italia, el partido del octogenario Berlusconi, hasta ayer considerado el árbitro que emergería de la nueva consulta electoral.
Lo dicho, otra vez Italia está en los márgenes de la ingobernabilidad, pero ahora con nuevos protagonistas surgidos del hastío con una clase política que no supo encontrar un nuevo rumbo.
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