Por SUSANA BAUTISTA HUALDE (*)
Pueblo saludable, amigable, tranquilo, con niños jugando en las veredas, eso fue allá lejos y hace tiempo como dijera Guillermo E. Hudson.
Lamentablemente hoy vivimos al borde del abismo apenas intentamos salir a la calle. El escenario es escalofriante motos disparadas serpenteantes entre los autos estacionados y /o en movimiento, sus conductores sin casco y sin respeto, ciclistas a contramano y no intentemos recordarlo, señas e insultos abundan. Las de las camionetas gigantescas, muy bonitas, muy de moda y muy veloces.
Pregunto: ¿conocen sus conductores el poder del impacto entre potencia y velocidad?
Autos ocupando esquinas, entradas y lugares destinados a sillas de ruedas y que no pueden usarse. Todos coinciden que es una cuestión cultural, educativa y cuanta bonita palabra se use. Pero es mucho mas que eso.
Es la vida la que va en la falta de respeto y desconocimiento e incumplimiento del código de transito Y si nos detenemos a pensar la Vida es el único bien preciado que tenemos. Es lo único.
(*) Profesora y vecina de City Bell
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