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El refugio donde los animales abandonados encontraron la paz

Uno de los perros rescatados al que se le dio asistencia/ El nuevo diario

Por WILDER PÉREZ R. (EFE)

MANAGUA

Caifás, Júnior y Chanel están vivos de milagro, uno se salvó de morir intoxicado, otro prácticamente regresó de la muerte, y ella sobrevivió a las ruedas de un micro. Los tres se conocieron en un refugio particular en Nicaragua, donde encontraron techo, cariño y comida, después de que nadie los quería.

Quizá Caifás, Júnior y Chanel no sean sus verdaderos nombres, pero ser llamados así es ganancia para ellos, que hasta el día de su rescate eran animales abandonados.

“Andan desprotegidos en las calles, sufren maltrato y discriminación, pero no pueden gritar para pedir auxilio”, dice Elena Gaitán, una voluntaria de la Organización Nicaragüense Ambiental, que da refugio a perros y gatos no deseados.

A Caifás lo recubrieron de pintura tóxica hasta casi matarlo, Júnior fue abandonado por personas que lo creían muerto, y a Chanel le pasó un autobús por encima.

Hay historias peores. A Claquita le quebraron las patas delanteras y luego le echaron agua caliente, Nerón recibió tanto maltrato que perdió una pata, y Costillas resume en su nombre el estado en que fue encontrado.

Según la fundadora y directora de la Organización, Ilse Díaz, el refugio cuenta actualmente con 25 perros y 35 gatos, todos abandonados. Aunque son rehabilitados para que la gente los adopte, suelen ser rechazados por su apariencia.

“La mayoría de los animales que acá tenemos son: perros sin un ojo, sin una pata, perros con problemas de piel, perros viejos... A la gente no les gustan esos animales, la gente sólo quiere cachorros y perros pequeños”, afirma la directora.

Díaz, quien fundó la organización hace seis años presionada porque la gente le llevaba mascotas abandonadas a su casa al conocer su amor por los animales, no comprende por qué “la gente sólo quiere perros de raza”.

“Al final lo que debería importarnos es que les demos un hogar (...) no entiendo por qué les gusta discriminar a los animales, si lo que les debería interesar es que ellos aman (a sus amos), ellos te quieren sin importar cómo somos, si sos feo, si sos de color, no les importa a los animales”, sostiene.

Mientras más feo es el perro, más tiempo lleva en el refugio de la organización, algunos, al ver a una persona reaccionan con temblores incontenibles, parece que quieren huir pero a la vez entregarse, desconfían al mismo tiempo que se acercan.

Los perritos aman tanto, que uno de ellos murió tras varios meses de no ver a su amo, quien lo dejó en el refugio porque se fue al exilio al saber que era seguido por la Policía de Nicaragua tras participar en protestas antigubernamentales, según contó un visitante frecuente.

Sin embargo, la repulsión que en general causan ha llevado a la organización a ser echada en al menos dos ocasiones. Una de ellas fue tan reciente, que al momento de la entrevista se estaban mudando.

“La gente realmente tiene muchos problemas con los animales y perros, creen que por tener animales ya el lugar es desaseado, y un sinnúmero de cosas”, lamenta Díaz, quien se apura a explicar que la organización cuenta con personal dedicado a la atención médica, limpieza y atención de los refugiados.

“Todo es por desconocimiento, a mí no me gustaban los animales y mire, hasta voluntaria soy ahora”, dice entre risas Gaitán, mientras lanza un juguete para que Júnior, bastante recuperado, lo tome y lo traiga.

Debido a que Díaz abandonó su profesión de ingeniera forestal para cuidar animales, la organización vive de donaciones y servicios de veterinaria, tanto en la sede como en giras por diferentes ciudades.

“Es un gran esfuerzo el que hacen aquí, porque definitivamente la cultura nicaragüense es muy fehaciente de que un perro adoptado no es lo común, o hay mucha cultura del maltrato también”, dice Pamela Saborío, quien suele llevar a consultas a su perro al refugio.

Hasta ahora el refugio estaba asentado en Masaya (Pacífico), pero este mes se muda a unos 10 kilómetros de la ciudad. Saborío afirma que esperará la gira para atender a su perrito pequinés.

Mientras tanto, perros y gatos se pasean libres en un refugio en donde, a menos que uno esté en peligro, no conocerá jaula, y estará a buen resguardo de la indigencia y la discriminación.

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