“Giallo” significa “amarillo” en italiano. Para el mundo, sin embargo, es el término utilizado para nombrar un determinado género, entre el terror, el suspenso, el erotismo y el policial, surgido en Italia: explorar ese género vasto, que se desmarca constantemente a lo largo de una historia que abarca más de dos décadas y se expande más allá de sus propias fronteras, es la obsesión de “Giallo: crimen, sexualidad y estilo en el cine de género italiano”, editado por el crítico platense Álvaro Bretal, junto a Carlos y Natalio Pagés y que se presentará hoy a las 19 en el Centro Cultural Islas Malvinas.
Los tres son parte del Colectivo Rutemberg, espacio surgido hace algo más de un lustro como un espacio de difusión de proyectos culturales, particularmente ligados a lo audiovisual, un espacio de autogestión y contención de ideas que, por falta de impulso, colaboración, dinero, se hubieran disipado en el éter de otra manera.
Una decena de personas que tras producir una serie de proyectos audiovisuales decidió en 2016 publicar un libro. “Barajando ideas”, cuenta Bretal, “apareció el giallo”, un género muy poco explorado en español, y una idea que le interesaba particularmente a los tres del Colectivo que más entusiasmados estaban con la edición de un libro: los Pagés y el propio Bretal se arremangaron para publicar el primer libro de la Editorial Rutemberg, un recorrido por ese cine que dio al slasher su asesino enmascarado y con cuchillo, que trabajó de forma audaz con el color, y que también exploró las posibilidades oníricas y psicológicas de la narración.
Un cine, define Bretal, “muy abierto narrativamente: son películas de género con guiones más abiertos a lo que uno acostumbra en el cine de terror o policial, donde todo se suele cerrar. En los giallo muchas veces terminan habiendo derivaciones narrativas que no tienen el menor sentido, y no importa. Muchas veces al terminar una película uno termina mucho más confundido que al principio”.
Allí una de las semillas del libro: rescatar “lógicas de cine industriales que no intentan copiar el modelo de Hollywood”.
Y en ese sentido el giallo y su afán de apropiarse de claves culturales de la época (“de forma más o menos sofisticada”, apunta Bretal, también sociólogo), representa una ruptura de una división que “hoy es mucho más tajante: con excepciones, la división entre una industria que apunta a películas que sean absolutamente accesibles, que hasta subestiman al público, y por otro lado, un cine interesante pero que circula por otros ámbitos: festivales, salas alternativas… Y sobre ese cine, hay una mirada de que ese es de elite, de intelectuales. Esa mirada, en los 60 y en los 70, no existía con tanta fuerza, y el cine popular en algunos casos era sumamente rico, se tomaba muchas libertades”.
“El giallo habilita múltiples lecturas, problematiza la experimentación con las drogas, la sexualidad, las relaciones de pareja tradicionales, todo esas nuevas lógicas sociales impactan en las psiques de las personas y aparecen en los giallo, pero todo eso se pone en juego en un cine muy accesible”, agrega.
El giallo capturó el “zeitgeist” cultural y el libro procura en ese sentido entender a las películas en relación con otras películas, y a las películas y a los cineastas dentro de lógicas de producción que los trascienden, “rompiendo con la idea de obra cerrada que a veces predomina dentro de la crítica actual”.
IDEAS PRECONCEBIDAS
Otra de las búsquedas del libro (que puede conseguirse en la página del Colectivo Rutemberg) era “salir de las miradas muy frecuentes del giallo, romper con algunas ideas preconcebidas”, relata Bretal. “Por un lado se plantea el giallo solo en su carácter de antecesor del slasher, como el estilo que solo influyó a cierto cine de terror norteamericano, pero eso es pensar al giallo desde lo que ocurrió después, y no desde sus particularidades”, explica. “A la vez nos interesaba discutir la identificación directa de algunas claves visuales de Argento, Fulci y Bava, con el giallo, y al revés, la identificación directa del giallo con ellos. Hay películas de Argento que no son giallo y giallos que no son de Argento. Por eso hay una sección del libro de directores, donde trabajamos directores de los que no se habla tanto”.
Enfrentados a esa diversidad de nombres, de miradas, de estilos que “te obliga a preguntarte qué es el giallo”, Bretal y ambos Pagés se volcaron no a buscar una obra completista sino a contactar diversos críticos en busca de capturar la diversidad de miradas que propone un género que se resiste a la clasificación a pesar de provenir de la industria.
Aportaron sus artículos, todos inéditos hasta ahora, casi una veintena de críticos, nombres como Jaime Grijalba, James Gracey, Jim Harper, Mikel Koven, Alex Morris y Paula Vázquez Prieto: los esfuerzos de escribir, contactar a los autores, editar, imprimir y distrubuir se realizó gracias al financiamiento colectivo. Aunque a pesar de superar el 100% de lo precisaban, “llegó la corrida de noviembre” y “terminamos poniendo plata para editarlo”. “Como siempre”: otra historia de autogestión en Argentina.
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