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Cómo se las rebuscaron los mozos platenses para sobrevivir a la crisis de la pandemia

Por Redacción

Distintos trabajadores del rubro gastronómico contaron sus historias a ELDIA.COM

El sector gastronómico fue uno de los rubros comerciales que más padecieron las consecuencias económicas que provocó la pandemia. En varias publicaciones se mencionaron de cierres de lugares emblemáticos de la Región y de los aún sobreviven, no siempre se pone el foco en quienes dependen exclusivamente de esa actividad para vivir el día a día: los trabajadores de los bares y restaurantes.

Puntualmente, quienes cumplen las tareas como mozos sufrieron en carne propia el parate obligatorio decretado con el aislamiento. Este diario habló con varios mozos que se desempeñan en el rubro en comercios tradicionales de La Plata.

Francisco Sánchez tiene 26 años y desde hace 4 años trabaja como mozo en Cortez todos los mediodías. Su tarea se vio abruptamente interrumpida a fines de marzo y contó como se manejó estos meses para vivir. "Pudimos cobrar el ATP y en mi caso recibí la ayuda de mis padres. Mi novia trabaja conmigo y la situación de ella fue más compleja ya que meses atrás se había mudado y para poder afrontar el pago del alquiler tuvo que pedir ayuda".

El joven agrega que "tuve que recortar muchos gastos fijos y los que eran inevitables los mantuve con ayuda y por supuesto me tuve que achicar . Dejé de pagar cosas que me encargaba yo en mi casa como la TV por cable e internet, y por supuesto que los gustitos se acabaron, ni cerca".

Sabido es, la propina representa una parte importante del bolsillo en los empleados gastronómicos. "Es casi un 50% del nuestro sueldos y eso es lo que más se sintió. A su vez, hay una realidad es que el lugar está cerrado y recién ahora se está manejando con deliverys y no para bancar gastos de un restaurante".

Fernando es oriundo de la localidad de Anderson y hace casi tres décadas que se radicó en La Plata. Es mozo en La Trattoría hace 24 años. "Tengo 47, entré a los 22, toda una vida", comenta Pancho y enseguida arranca a relatar como se las ingenió estos siete meses.  "Yo tengo dos hijas y tengo que pagar mi alquiler y también donde viven mis hijas con su mamá, más todos los gastos que uno tiene fijos cada mes".

"Pudimos recibie el ATP que otorgó el Gobierno, pero como es sabido eso se corresponde con la mitad de un salario, pero en nuestro caso la propina representaba la mitad del ingreso de nuestro bolsillo, por lo que el ATP termina siendo un 25% en sí", explica.

"Yo en mi caso tuve que pedir ayuda y por ahora la deuda es con familiares y amigos. En estos meses, uno trata de cumplir con lo esencial como los servicios básicos de luz o gas. Pero por ejemplo el cable lo puedo pagar hace cinco meses", agrega con angustia.

Con tantos años en el rubro, "Pancho" también tiene una visión más amplia de la situación del sector. "Nos entendemos porque no nos dejan aún trabvajar con gente adentro, siempre con un protocolo, con distancia y con supervisiones correspondiente. Con cantidad limitada de gente y horarios".

Y agrega que "hay rubros que tienen mucha más gente en el interior de los lugares. Entiendo que en el rubro gastronómico no hay tanto riesgo como sí ocurre en otros casos. Por ejemplo, tuve que ir al banco Provincia y estaba explotado de gente. Queremos trabajar. El esfuerzo que hicieron los empresarios fue valorable, ellos también van acumulando sus deudas. Necesitamos que la rueda empiece a mover, como los proveedores con responsabilidad".

Luciana González tiene 27 años y desde hace 6 trabaja como moza en el Frawens de 9 y 47. El cimbronazo que le significó el 2020 lo describe de la siguiente manera: "Con el parate casi total de la actividad fue fuertísimo lo que se vive, si bien pudimos cobrar la ayuda del ATP, en mi caso las propinas había meses que me significaban más de la mitad de mi sueldo final a fin de mes. El ATP es la mitad del sueldo registrado, por lo que el impacto es apenas un cuarto del total".

Ella tiene un hijo de 4 años de edad y convive con su pareja. "Me salvó que él pudo seguir trabajando y con su ingreso sostuvimos el hogar. Pero con la ausencia de lo mi parte, debimos hacer un recorte atroz para no entrar en deuda", cuenta con preocupación.

Sobre las consecuencias generales que padeció el sector, Luciana contó que su trabajo se redujo a apenas algunos días de la semana. "Si bien cobrábamos solamente el ATP, la realidad es que no podíamos exigir más a los propietarios. Se trabaja muy poco y ni siquiera alcanza para afrontar gastos de alquileres y proveedores".
 

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