“¿Es posible aprender sintiéndose incapaz? ¿Se puede confiar en quien enseña, en un ambiente de desamparo emocional? ¿Puede un niño o adolescente apropiarse de un saber cuándo le hacen creer que no pertenece a ninguna parte?”, se pregunta María Zysman, directora de la Asociación Civil Libres de Bullying, e inmediatamente reflexiona: “Un niño o adolescente angustiado se ve, definitivamente, comprometido en sus aprendizajes”.
La conclusión viene a cuento de un dato que arrojan los resultados de Matemática en la prueba PISA 2018 y que fue recogido en un informe reciente del Observatorio Argentinos por la Educación: el acoso físico, el maltrato verbal y el sentimiento de falta de pertenencia escolar están asociados a menores rendimientos en el aprendizaje.
Con la firma de Alejandro Castro Santander, director general del Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica de Cuyo, el estudio -titulado “El acoso entre iguales (bullying) y el aprendizaje”- relaciona los promedios obtenidos en Matemática con los indicadores mencionados, los cuales se construyen a partir de cuestionarios respondidos por estudiantes de 15 años de más de 60 países que participaron de la prueba estandarizada.
PISA mide el acoso físico a partir de la frecuencia con la que los alumnos informan haber sido golpeados o empujados por sus compañeros en los últimos 12 meses. Tanto en América Latina como en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) -que aplica la prueba a nivel mundial-, los adolescentes que sufren mayor frecuencia de acoso (una vez por semana o más) tienen resultados más bajos. En Argentina, los estudiantes que dijeron no haber sido golpeados por sus compañeros en el último año sacaron 394 puntos en Matemática, mientras que los más expuestos al maltrato obtuvieron 353 puntos. Es decir, la brecha de aprendizaje entre unos y otros es de 41 puntos, equivalentes a un año de aprendizaje escolar. La distancia es mayor en Uruguay, con 75 puntos, y menor en Colombia, con 14.
En cuanto al maltrato verbal, medido a través de la frecuencia con la que los estudiantes sufren “rumores dañinos”, la brecha de aprendizaje entre los estudiantes argentinos con mayor (360 puntos) y menor exposición (393) a este factor es de 33 puntos, lo que representa 0,8 años de aprendizaje. También aquí, la peor relación la exhibe Uruguay , con 64 puntos, y la mejor, Costa Rica, con 29.
Mientras que los menores con mayor falta de pertenencia con respecto a su escuela (aquellos que se sienten excluidos) logran los resultados más bajos en la prueba PISA. Argentina muestra la mayor brecha de aprendizaje en Matemática entre los alumnos con menos (342 puntos) y más sentido (409) de pertenencia escolar: la distancia es de 67 puntos o 1,7 años escolares. Costa Rica, con 26 puntos, tiene la brecha más corta.
Para el autor del informe, uno de los factores que más influye en la calidad de los procesos educativos “es el clima escolar y, paradójicamente, el que menos se gestiona. [...] Debemos reconocer al bullying y al ciberbullying como las formas de violencia entre los estudiantes que más obstaculizan el buen desarrollo del clima escolar”. Ante ello, propone, “la respuesta educativa debe ser compleja, multidimensional y perseverante”.
Pablo Mainer, presidente de la ONG Hablemos de Bullying, ratifica la influencia del clima escolar en el desarrollo académico y hace hincapié en el rol del Estado: “Las condiciones [edilicias] en las que los alumnos estudian -advierte-, sobre todo en escuelas públicas, no ayudan a lograr espacios que propicien la convivencia y dificultan la tarea docente”.
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