La historia de Estudiantes incluye un episodio que, aunque doloroso, también mereció un recuadro especial por haber significado una muestra más de fortaleza: el descenso sufrido el 21 de agosto de 1994, que desembocó en un ascenso en tiempo récord tras apenas 265 días en el por entonces llamado Nacional B. Con una base conformada por gente del club, el Pincha resurgió de las cenizas, y con puntaje que también estuvo por sobre los registros anteriores de la categoría, pudo reinstalarse en la Primera División, afirmándose en una estructura que le permitió, años después, volver a los primeros planos del fútbol argentino. La dupla conformada por Eduardo Luján Manera-Miguel Ángel Russo, un puñado de juveniles de gran proyección y refuerzos que aseguraron experiencia, hicieron posible aquel título de campeón que hoy cumple 25 años.
Estudiantes se despidió de Primera con un triunfo frente a Racing en 57 y 1, aunque a pesar del profundo dolor que había causado la pérdida de la categoría una fecha antes, en el empate 3-3 como visitante de Lanús, las lágrimas regaron lo que fue una verdadera fiesta, que al grito “vamos a volver”, transformó al estadio en un canto de esperanza.
Las diferencias que pudieron existir a nivel institucional quedaron de lado, se puso en marcha un verdadero operativo retorno y el Pincha resurgió de las cenizas.
El debut con un empate 1-1 de local frente a Chacarita, por la cuarta fecha, el 18 de septiembre de 1994, significó un “recibimiento” que también fue aprovechado para que esta campaña fuera una prueba de carácter, y desde ese momento el representativo estudiantil comenzó una racha positiva que llegó hasta la fecha 14, oportunidad de la primera derrota, frente a Deportivo Morón. Un tropezón que no fue caída, porque siguió adelante a paso firme, marcando una distancia muy grande sobre el resto, al punto que el ascenso a Primera quedó asegurado cinco fechas antes del final del torneo, tras una victoria ante Gimnasia y Tiro, en Salta, complementada por un empate sin goles de Atlético de Rafaela, el escolta, frente a San Martín de Tucumán.
Detrás de Estudiantes, que totalizó 65 puntos, quedaron Atlético de Rafaela 54; Colón de Santa Fe 52; Godoy Cruz de Mendoza 50; San Martín de Tucumán y Gimnasia y Tiro de Salta 48; Quilmes All Boys y Douglas Haig de Pergamino 45, en los primeros lugares.
El campeón festejó el título de una competencia que finalizó en junio de 1995, con una performance que se explica a través de los números: 65 puntos, con 11 de ventaja por sobre el segundo, Atlético de Rafaela; 86 goles a favor y 34 en contra, todo en un total de 42 encuentros, producto de 27 victorias, 11 empates y cuatro derrotas, todas de visitante: ante Deportivo Morón 0-1, Central Córdoba 0-3, All Boys 1-3 y A. Rafaela 0-1, esta última ya con el ascenso consumado.
¿Los goles? José Luis Calderón 26, Rubén Capria 17, Mariano Armentano 10, Leonardo Ramos 7, Manuel Santos Aguilar 6, Juan Sebastián Verón 5, Edgardo Prátola, Domingo Arévalos y Alejandro Méndez 3, Javier Ferreira y Diego Capria 2, Claudio Paris 1, y Sayago de Laferrere en contra. ¿El equipo base? Carlos Bossio; Edgardo Prátola, Juan Manuel Llop, Ricardo Rojas; Claudio París, Leonardo Ramos, Juan Sebastián Verón, Manuel Santos Aguilar; Rubén Capria; José Luis Calderón y Mariano Armentano.
La dupla Eduardo Manera-Miguel Russo resumió el encuentro de dos generaciones que tomó las riendas para reconstruir al equipo de Estudiantes tras el descenso, y lo hizo afirmándose en bases sobre las cuales el club llegó a ser uno de los más laureados del continente.
La inclusión de juveniles provenientes de las divisiones inferiores, que levantaron vuelo futbolístico junto al equipo mismo, como Rubén Capria, Claudio Paris, Juan Sebastián Verón y Edgardo Prátola, más la incorporación de jugadores que llegaron provenientes de otros clubes para aportar juego y experiencia, como Juan Manuel Llop, Leonardo Ramos, Manuel santos Aguilar y Carlos Bossio, más un jugador que, proveniente de Cambaceres, había llegado para quedarse en el corazón del hincha por su permanente entrega y compromiso: José Luis Calderón.
En medio de aquella histórica campaña, que dejó una huella en el fútbol de ascenso, el Pincha representó al país en la por entonces Supercopa, reservada para clubes campeones de la Libertadores, quedando afuera en un mano a mano con Nacional de Uruguay, pero se trata de otra historia. Lo destacado de aquella etapa 1995 que, aunque dolorosa, quedó en el recuerdo, fue el título del ascenso, que ganó de punta a punta, superando todos los récords anteriores, con buen juego y un acompañamiento de la gente que también superó cualquier tipo de pronóstico.
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