La odisea de Antonio Herrera parece que está por terminarse. En las últimas horas recibió un llamado que le cambió la vida: un compañero suyo que conoció en su paso por Estudiantes le resolvió todos los problemas juntos. Y final feliz luego de cinco meses de calvario.
Carlos Auzqui, de él hablamos, se contactó para decirle que se iba a hacer cargo del dinero que faltaba para que él y toda su familia (esposa y dos hijos) pudiese regresar a La Plata desde Cochabamba, donde quedó varado al decretarse la pandemia por culpa del coronavirus.
Luego de dos intentos frustrados por volver a la Argentina el 17 de julio tuvo una posibilidad de regresar. Pero una vez que estaba dentro del aeropuerto descubrió que el club donde jugaba nunca le había los aportes necesarios para convertirlo en un ciudadano en regla. Por eso, lo multaron con 7 mil dólares o la imposibilidad de abordar el vuelo hacia Buenos Aires.
Finalmente no pudo hacerlo y semanas después fue desalojado del departamento en donde vivía. Todo pareció ir de mal en peor, incluso luego de haber aceptado la deportación, hasta que hace pocos días un llamado le cambió la vida: desde el consulado le avisaron que el viernes un avión de Aerolíneas Argentinas saldrá desde Bolivia hacia nuestro país.
Fue entonces cuando comenzó con un relato apasionado: "Los pasajes tenían un costo de 1200 dólares, pero el consulado de aquí los consiguió por 700. De inmediato me puse a buscar el dinero pero ni mi familia ni yo teníamos esa plata. Son poco más de 70 mil pesos. Entonces lo llamé a Carlitos Auzqui, un gran amigo de mi época en Estudiantes".
"Le comenté todo lo que estaba pasando y me dijo que me quedara tranquilo, que me lo iba a resolver. Gracias a Dios hoy me mandó los pasajes y ya los imprimí. Tengo todos los papeles en regla así que el viernes vuelvo a la Argentina", contó con alegría, algo que había perdido hace mucho tiempo.
"Todo fue una locura. El lunes me avisaron del consulado del vuelo, a la tarde del descuento y a la noche me dijeron que tenía tiempo hasta hoy al mediodía para sacarlos. El martes le escribí a Carlitos (Auzqui) y hoy me los mandó. Lo que hizo no me va alcanzar la vida para agradecérselo", finalizó.
El viernes estará tomando el vuelo y viajando hacia Argentina. Quedará en su recuerdo el mal trago en Bolivia, las malas decisiones del Cochabamba FC y el doloroso desalojo. Pero también el desinteresado gesto que tuvo un compañero suyo que en el peor momento le dio una mano fundamental.
SU PASO POR ESTUDIANTES
Contó que la suya es de una familia de muy bajos recursos. De chico limpiaba zanjas y jugaba a la pelota en Defensores de Santa Ana. En uno de ellos le preguntaron si quería probarse en Estudiantes. Con 12 años aceptó y la vida parecía darle la caricia más importante en su vida futbolística.
"Viví en la Pensión porque mis padres no me podían mantener. Entonces en el club decidieron que lo mejor era estar ahí pese a ser de La Plata. Viví 8 años pero lamentablemente no pude firmar primer contrato. Por suerte pude jugar unos minutos en Reserva y jugar en unos entrenamientos en Primera con la Bruja (Verón), el Chapu Braña y la Gata Fernández", recordó desde Bolivia.
Herrera es categoría 1994 y compartió plantel con Joaquín Correa, Jonathan Silva, Federico Anselmo y Gabriel Seijas, entre otros. "Tenemos contacto y guardo el mejor de los recuerdos".
En diciembre de 2015 quedó libre de Estudiantes. Estuvo seis meses para encontrar club pero no pudo. "Nunca tuve un buen representante", contó tiempo atrás en una entrevista con este medio. Cansado de perder el tiempo decidió jugar en Ringuelet, club de la Liga Amateur Platense. Allí se enteró que iba a ser papá por primera vez y mientras jugaba tenía que ganarse los pesos haciendo changas. "Ascendimos y me surgió la posibilidad de pasar a Bragado, que estaba en el Federal B", recordó.
"Tuve un torneo muy bueno. Nos salvamos del descenso y salimos campeones de la liga local. Allí nos enteramos que mi señora estaba otra vez embarazada y regresamos a La Plata: volví a jugar en Ringuelet", continuó el futbolista.
Después lo engañaron: tuvo que firmar con un club del Federal B con la promesa de pasar luego a Colegiales. "Fue toda una mentira y perdí otro año como jugador de fútbol. Tuve que ser ayudante de electricista con un familiar".
En 2018 le llegó la posibilidad de viajar a Bolivia. Estuvo en algunos clubes de la Tercera División hasta que le llegó la chance de Cochabamba FC. "Hice un buen contrato y me dieron un departamento para que viniese toda mi familia".
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