Después de 27 años y 20 discos, Pez cumple con un ritual del rock nacional: llega mañana, por primera vez, a Obras para presentar su nuevo trabajo, “Acariciar el fuego”, un show que no solo se hizo esperar durante los años que transcurrieron desde la fundación de la banda porteña en 1993, sino que también se retrasó varias veces a causa de la pandemia. El show escurridizo.
“Se hizo esperar”, se ríe Ariel Minimal, líder del trío independiente que completan Fósforo García y Franco Salvador. “No se puede obviar la mística del lugar, lo que significa para el rock argentino”, agrega Minimal. Pez realizó algunos shows a partir de que las restricciones se flexibilizaron, en febrero de este año, pero básicamente llevan casi dos años con muy pocos vivos. El reencuentro, vaticina Minimal, será tan extraño como “cuando volvimos a tocar en vivo: se liberó una emoción media extraña. Es que los primeros meses de confinamiento para mi fueron angustiantes: ahí es donde uno entiende la necesidad de hacer lo que uno hace, en mi caso de hacer canciones. Dejó de ser un laburo, pasó a ser una necesidad de expresión”.
En esos meses de necesidad, Minimal protagonizó una serie de vivos en Instagram de madrugada, tocando “para cuarenta desvelados como yo”, un experimento nacido de la necesidad de tocar, expresar, conectar. “Ahí me reencontré con lo que soy, con mis deseos”, dice. “Los primeros días nos volcamos todos a hacer pan artesanal, pero eso nos duró poquito. En mi caso, por suerte tuve la música. Ahí es donde se revalora el arte, las expresiones artísticas: ahí tomás conciencia de cosas que das por sentadas y cuando no las tenés, te das cuenta cuánto valen. De hecho, uno de los temas del disco se llama ‘Hasta que no lo perdés no lo extrañás’, y habla un poco de eso”.
El tema abre el nuevo disco, “Acariciar el fuego”, y fue uno de los anticipos del trabajo, junto con “Cuarentena Blus”: el nuevo álbum, es evidente, está atravesado profundamente por los meses en confinamiento en los cuales se grabó.
Una postal de su tiempo, como lo fue su anterior trabajo, “Kung Fu”, escrito tras las denuncias de abuso sexual contra la banda volcadas de forma anónima en la red. Un tema que Minimal considera terminado: “Ni siquiera lo considero abierto el tema. Desde el primer momento dijimos que si querían hablarlo seriamente, lo hablábamos. Pero nunca pasó de una categoría de chisme, y sin embargo salió en todos lados: para dar por cerrado el tema, me gustaría que me pidan perdón todos los que hablaron giladas”, tira.
Aquel disco era un testamento de la energía y la bronca de la banda de la misma manera que éste, grabado en 2020, en días donde no podían ensayar y donde los pocos shows que dieron fueron vía streaming o “raros, con la gente separada”. La banda “sintió mucho la necesidad de tocar, de interactuar, esa falta se sintió mucho durante ese primer confinamiento en el que le pedíamos a un delivery que busque algo en la farmacia que quedaba a cuatro cuadras. Hubo días así, y fue duro, un desafío para la psiquis, para el ser social”. De eso, hicieron música, un disco “completamente atravesado por el confinamiento, teñido por esto que nos pasó”, desde las letras… aunque no así musicalmente. No hay para el power trío inmersión en las oscuridades musicales, “me mantuve en mi Disney de rocanrol”, dice Minimal. “De hecho, no musicalicé la cuarentena escuchando música dark, opresiva, en absoluto: en casa sonaban Kiss, Cheap Trick”.
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