BERLÍN
AFP Y EFE
¿Será la Alemania pos-Merkel más inestable? ¿Qué rumbo tomarán su política y economía? ¿Logrará la izquierda apoderarse de la cancillería? ¿Formarán parte del próximo gobierno liberales y ecologistas?
Esos son los algunos de los principales retos de las elecciones legislativas celebradas ayer en Alemania, que determinarán cómo será el país que se viene.
Bajo el mandato de Merkel, Alemania fue sinónimo de estabilidad en Europa, y ahora hay temor de que, ante la falta de un liderazgo como el de la saliente e “inoxidable” canciller, las cosas cambien.
En el futuro parlamento podrían darse múltiples combinaciones para alcanzar la mayoría, desde una coalición de izquierdas a un gobierno con orientaciones de derecha.
NEGOCIACIONES COMPLICADAS
En una democracia parlamentaria como la alemana, el puesto de canciller (como se denomina al jefe del gobierno federal) no corresponde a quien queda primero, sino a quien suma la mayoría. Y tanto los socialdemócratas como los conservadores tienen opciones -y dificultades parecidas- para formar una coalición tripartita, probablemente con Verdes y liberales como socios.
Todo apunta a que las negociaciones para formar Gobierno serán de lo más complicadas.
A los socios de Alemani les preocupa que esto provoque un largo período de inmovilismo, en tanto Europa teme quedar cada vez más marginada en la geopolítica.
El perfil final del gobierno tendrá un impacto notable en la futura política internacional de Alemania, aunque los tres grandes partidos (la conservadora CDU, los socialdemócratas de SPD y los liberales) hayan hecho campaña en el centro del tablero.
El país podría estar más inclinado a la solidaridad financiera en Europa con un Gobierno dominado por los socialdemócratas y los Verdes que con los conservadores y los liberales, y estos últimos son más partidarios de llevar a cabo misiones militares en el extranjero que los partidos de izquierda.
Asimismo, Alemania podría vivir una fase de tensiones con la OTAN si el Gobierno incluyera a la izquierda radical de Die Linke, que promueve la disolución de la Alianza atlántica.
RETOS INTERNOS
Por otra parte, la Alemania de Merkel tuvo que romper sus candados presupuestarios durante la crisis del Covid-19 con la inyección de miles de millones de euros para apoyar a las empresas y salvar empleos, lo que hizo de la disciplina financiera un tema candente en la campaña electoral.
El futuro gobierno, más allá de cómo esté conformado, se enfrentará a una “difícil elección”, advierte Patrick Artus, economista jefe de Natixis: “Cambiar las reglas presupuestarias” que ya no son compatibles con la realidad o “reducir drásticamente el déficit público”.
En Alemania, el equilibrio presupuestario, que está recogido en la Constitución, vivió una revolución inimaginable antes del impacto de la pandemia: se puso en marcha un plan de ayudas económicas, sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, de más de miles de millones de euros para limitar los efectos de la recesión.
En dos años de crisis sanitaria, el país se ha contraído unos 370.000 millones de euros en nueva deuda, de ellos 240.000 millones en 2021, lo que pasó del 59,7 por ciento del PBI a casi el 75 por ciento previsto para este año.
LA ECONOMÍA
Mientras que una parte de los europeos ha reclamado regularmente a los alemanes en los últimos años menos rigidez presupuestaria, el Covid forzó a Berlín a derogar el freno de la deuda (”Schuldenbremse”), una norma escrita en la Carta Magna desde 2009.
En períodos normales, esta imposición prohíbe al Ejecutivo tomar prestado más del 0,35 por ciento de su PBI, salvo “circunstancias excepcionales” aprobadas por el Parlamento.
En el primer semestre de 2021, el déficit público superó los 80.000 millones de euros -el 4,7% del PBI-, de nuevo lejos de “Schwarze Null”, el objetivo de “déficit cero” respetado escrupulosamente en 2014 y 2019.
Y la urgencia de financiar el desafío climático y el cambio digital no auguran un rápido retorno a la austeridad. Por eso, los equilibrios dentro de la futura coalición serán determinantes.
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