Apenas dos semanas atrás, a cualquiera que más o menos siguiera la mecánica de los plazos fijos si le consultaban qué convenía más, el tradicional o la variante "UVA" la respuesta seguramente hubiera sido este último.
Es que el denominado plazo fijo UVA rinde en base a la inflación, y en medio de un proceso inflacionario como el actual, si se respetan las condiciones, como el de mantenerlo durante 90 días, lo convierte en un instrumento para preservar los ahorros.
Sin embargo, el anuncio del Banco Central que elevaba las tasas de interés al 53% para los plazos fijos tradicionales de hasta 10 millones de pesos para personas humanas, hace que se replantee si eso sigue siendo así, sobre todo en la previa del aguinaldo que algunos pueden estar pensando en qué invertirlo y que la inflación no lo debilite.
Con una Tasa Nominal Anual del 53% (y una Tasa Efectiva Anual del 68%), un plazo fijo tradicional tendría un rendimiento mensual del 4,41%.
Mientras que el plazo fijo UVA a 90 días, de mantenerse el actual nivel del índice de precios que mide el INDEC, como todos creen, tendrá un rendimiento por encima del 5% mensual.
Si bien la tendencia de los últimos meses es de una desaceleración de la inflación, por ahora es muy lenta y los especialistas consideran que le llevará tiempo perforar el piso de los 5 puntos, lo que lo pondría en una situación casi de igualdad con lo que rinde un plazo fijo tradicional.
Esto implica que el plazo fijo tradicional seguramente va a tener una mayor demanda de parte de los ahorristas que hasta ahora a lo mejor no lo tenían muy en cuenta, pero sin dudas el plazo fijo UVA va a seguir fuerte como desde hace varios meses.
Este escenario es actual, con una inflación mensual cercana al 6% y con la tasa de interés del 53% que fijó recientemente el Banco Central. Habrá que ver qué sucede los próximos meses, si el Gobierno finalmente logra que la inflación baje algo más rápido y en ese caso si la entidad monetaria mantiene los niveles actuales de las tasas, que en definitiva está pensado más como un instrumento que no recaliente la compra del dólar pero que a su vez encarece las distintas opciones de financiación que brindan los bancos.
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