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Feroz entradera a dos jubilados: les robaron $400 mil y huyeron en su auto

La vivienda de 64 entre 29 y 30 en la que actuó la banda/gonzalo calvelo

Por Redacción

Actuaron cuatro ladrones encapuchados y armados, que sorprendieron al dueño de la casa cuando entraba por el garaje. Les pusieron un revólver en la frente a él y a su mujer, y les desvalijaron la casa en cuestión de minutos

El matrimonio de jubilados que en la noche del viernes sufrió una entradera en su casa de 64 entre 29 y 30, vivió 45 minutos de puro terror y disgusto.

Las penurias para Carlos José Miceli (89) y su esposa, Mirta Curtoy (83) comenzaron a las 21.45 del viernes. En ese momento, un grupo de cuatro asaltantes arribó al lugar a bordo de un automóvil blanco. Apenas el dueño de casa entró su auto al garaje, los delincuentes lo amenazaron y lo obligaron a entrar.

Una vez adentro, les exigieron permanecer sentados en sillas del comedor, tanto a él, como a su mujer. Mediante insultos, los intrusos se adueñaron de todos los ambientes de la vivienda y de todas las pertenencias de valor.

Según informaron las víctimas a EL DIA, la banda huyó con su Fiat Palio gris claro modelo 2016.

En el interior del vehículo cargaron el abundante botín obtenido: 400.000 pesos, dos alianzas de oro, dos televisores, dos notebooks, dos hornos eléctricos, entre tres y cuatro teléfonos celulares, un secarropas, una cafetera y una batidora, entre otros costosos objetos.

“NO NOS DEJABAN NI HABLAR”

La banda se ensañó particularmente con Miceli y el propio abuelo lo explicó así: “Primero, uno de los cuatro delincuentes me puso un revólver en la frente, ni bien se metieron en el garaje de casa”, citó inicialmente.

Pero después, cuando estaba junto a su mujer en el comedor, “como la veía tan nerviosa y asustada, le hablaba para intentar tranquilizarla. Pero uno de estos ladrones, que deben tener entre 25 y 30 años, se molestó por eso y me dio una cachetada en la cara”.

Pero a esa agresión física, el mismo maleante le adosó otra verbal. Y todavía más cruel: “La próxima vez, si seguís hablando, te pego un tiro en una rodilla”, reveló el jubilado que fueron las palabras que aquél uso para amedrentarlo.

Miceli, por tal razón, reflexionó que “no nos dejaban ni hablar”. Al mismo tiempo, expuso que “tampoco ellos conversaban mucho, ya que inclusive se dividieron para revisar y robar por toda la casa”.

“AMENAZÓ Y LUEGO NOS DIO AGUA”

Miceli recordó, de inmediato, que ese delincuente tuvo un comportamiento contradictorio para con él y su esposa, al punto que los desconcertó.

En tal sentido, reveló que “por un lado, me pegó una cachetada y amenazó con balearme una rodilla. Y por otra parte, tuvo el gesto de ofrecernos y acercarnos un vaso con agua”.

También mencionó que ese ladrón y sus cómplices “de entrada nos pedían dólares, a cada rato insistían con lo mismo. Pero les dijimos que no tenemos dólares y lo pudieron comprobar revolviendo todo y por todas partes”.

Miceli citó que de igual forma “se llevaron 400.000 pesos, que eran nuestros ahorros de muchos años. Y después, un montón de cosas más” más arriba enumeradas.

“Nos vaciaron dos roperos y entre lo mucho que robaron, había inclusive cosas de nuestra hija”, que aclaró que no se encontraba al momento del asalto.

Asimismo, recordó que “llegaron hasta a decirnos que se habían equivocado de casa para robar, porque tenían previsto hacerlo en otra que está sobre la calle 65”, aunque el jubilado puso en duda la veracidad de esa afirmación.

Seguidamente, consignó que tras el atraco “vinieron varios policías, entre ellos el comisario. También personal de la Policía Científica, que no encontró huellas dactilares de estos ladrones”.

“Claro -continuó Miceli- lo que pasa es que los delincuentes tomaron la precaución de venir con guantes gruesos, similares a los que usan por ejemplo los operarios y los jardineros”.

En vano resultaron los esfuerzos de los efectivos por salir a la búsqueda de la banda, que según se supo en esa cuadra “estaba desde hacía un rato antes de la entradera, dentro de un auto de color claro estacionado a pocos metros de la casa de este matrimonio. Como si estuvieran esperando que llegue el hombre en su auto”. La pareja vive allí hace 55 años y en 1972 sufrió un escruche en la misma casa.

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