La escalada inflacionaria que afecta a la Argentina la ubicó este año con la tasa de mayor aceleración de precios a nivel mundial, superando incluso a Zimbabue y a Venezuela, que si bien presenta un índice de suba de precios más elevado ha registrado al mismo tiempo una importante desaceleración en el último año, de acuerdo con los datos del WEO FMI dadas a conocer hoy por Infobae.
En un contexto en donde el gobierno argentino sostiene que la creciente inflación tiene orígenes multicausales y se agravó con la pandemia del Covid-19 y el conflicto bélico entre Ucrania y Rusia, las estadísticas reportadas por el WEO del FMI sostiene que hasta antes de la irrupción del coronavirus en 2019 la inflación promedio en torno a 192 países se ubicó en 3 puntos porcentuales, y que se estima un salto a 6,8% en 2022. Sin embargo en ese mismo período la inflación en el país se elevó de 53,8% a 76%, según el REM del Banco Central de la República Argentina, el cual además estima que la tendencia continuará en esa línea alcista por los próximos meses.
A lo largo de período sólo tuvieron peor desempeño que nuestro país Sudán, Turquía y Yemén. Asimismo la Argentina fue equiparada por Surinam y Rusia en cuanto a nivel de aceleración de los precios, aunque en el primer caso fue de 4,2% a 25,8% y en el segundo de 3% a 24% a raíz de la invasión a Ucrania.
Pero en lo relacionado a este año, mientras el mundo continúa sacudido por la pandemia y más aún por la situación de Ucrania y Rusia, dos países productores de materias primas como alimentos y energías, Argentina se ubicó junto con Zimbabue como el país de mayor aceleración de los precios. En el caso de la nación africana el índice inflacionario es de 85%. La velocidad de la escalada, a su vez, es superior a la de Venezuela, en donde se estimó una inflación de 500% pero a su vez reflejó una desaceleración en relación a lo sucedido en los últimos dos años con un pico de crecimiento de 2960% en 2020.
Según el FMI, "en este momento, la principal prioridad en materia de políticas es controlar la inflación, ya que la estabilidad de precios es una condición previa para lograr aumentos duraderos del bienestar económico y de la estabilidad financiera. La combinación adecuada de políticas monetarias, fiscales y estructurales para reducir la inflación varía entre las economías, dependiendo de las fuentes y la intensidad de las presiones de precios".
El organismo crediticio sugirió en este sentido que "las economías en las que la inflación y las presiones inflacionarias subyacentes han aumentado de forma persistente y significativa por encima de los niveles fijados como meta deben tomar medidas contundentes para endurecer la política monetaria, y los bancos centrales deben reducir sus balances y elevar las tasas de interés real. En el corto plazo, esas políticas reducen la inflación a expensas de una menor actividad real, mayor desempleo y salarios más baja".
"El retorno a una inflación baja y estable antes de que las expectativas se desanclen crearía un entorno propicio para la inversión y el crecimiento y evitaría la necesidad de un ajuste más brusco y disruptivo más adelante", sostiene el FMI.
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