La clase empieza a las 10.30, pero algunos alumnos llegan a las 10.40, otros a las 10.50, otros a las 11 y algunos, hasta 11.15. Incluso, no saludan al entrar al aula. El profesor les llama la atención, pero a la clase siguiente, el panorama es más o menos el mismo.
¿Cuántos escenarios de este tipo se pueden vivenciar a diario? Muchos. Parece que la puntualidad pasó de moda, la impuntualidad ya no es algo de que avergonzarse o lo que es aún peor hasta se hace gala de la misma :“Me colgué, soy un desastre” contestan algunos entre risas al ser interpelados por los demás.
“No es tan grave”, “no lo hago a propósito” versus “es una falta de respeto”, “son desconsiderados”, son las dos posiciones irreconciliables entre las que oscilan los vecinos de la Ciudad al ser indagados sobre el tema.
Es que la puntualidad “ante todo es una forma de demostrar respeto, de respetar un acuerdo que tenemos con el otro”, manifestó Agustina (29). Ella es docente en diferentes escuelas de la Ciudad y lejos de lo que se puede prejuzgar, desde su experiencia personal la “impuntualidad no es algo solo de los jóvenes, muchas veces se los culpa a ellos cuando llegan tarde a la escuela cuando muchos son llevados por sus propios padres”.
Pero fuera de lo laboral, en lo que respecta a su vida privada también sufre los embates de la gente impuntual. “Con el tiempo aprendí a adaptarme”, reconoció al respecto y detalló que “tuve que hacer algunos arreglos en mi vida porque me la pasaba enojada, decidí adaptarme a la gente que ya se que llega tarde. Por ejemplo en el caso de amigos impuntuales pienso ‘bueno va a llegar a las 15 entonces no salgo a las 14 como habíamos arreglado”. Su táctica funciona, le evita largas esperas pero el sabor amargo le queda ya que tal como señaló “yo me amoldo pero esta mal, deberían respetar ellos los acuerdos”.
Otro escenario. Arranca la película, y sigue entrando gente a la sala del cine. Unos se sientan con algo de pudor en el primer asiento que ven, mientras que otros pasan por delante de la pantalla y se toman su tiempo para ubicarse, mientras que los que ya están sentados se muerden la lengua para no empezar a discutir y que se genere un problema. Pocos se disculpan o reparan en los otros.
“ES UN TEMA QUE ME MOLESTA MUCHO”
“¡Uh que tema ese! La impuntualidad es algo que me molesta muchísimo”, aseveró Analía (32) al ser consultada y como si hubiese estado aguardando el momento justo para expresar lo que sentía al respecto contó: “Si acordamos cenar a las 21, puedo entender que alguien llegue 21.10 o 21.15, pero ya cuando se demoran media hora o más me enojo muchísimo. Por más que se trate de una salida con amigos y no de algo laboral siento que estoy perdiendo el tiempo y a la vez me siento mal por tener que esperar sola mientras todos hacen lo que quieren”.
Analía es psicóloga y si bien expresó que no hay algún rasgo puntual en las personas que permita abordar la impuntualidad desde un lugar más clínico, es un tema que le preocupa y lo habla con sus pacientes. “Lo que pasa en el consultorio es que el tiempo es acotado, más allá de que me parezca una falta de respeto, me preocupo por ellos porque si tenemos una sesión de 45 minutos y llegan 15 minutos tarde se pierde mucho tiempo que es valioso para el tratamiento”, explicó y amplió: “Entiendo que hay factores que son ajenos a la persona y que pueden demorarse por eso, no se el tráfico o alguna eventualidad que les pueda surgir en el momento. Pero ya cuando es algo que se repite se los marco, para que lo tengan en cuenta”.
Pero en lo que respecta a su vida personal, al igual que relató Agustina, ella también tuvo que adaptarse, en especial con su pareja. “Mi rigidez con la puntualidad es algo que tuve que trabajar mucho, sobre todo cuando conocí a Gastón. Él es muy impuntual entonces en algún punto me está curando de eso, porque además a medida que fue avanzando la relación comprendí que no lo hace a propósito ni porque no le importe, por más buenas intenciones que tenga siempre llega tarde, sin importar a la hora que salga de su casa”.
¿Y cuando el impuntual es la figura de autoridad que pasa? Porque pacientes, alumnos, clientes -siempre hablando en entornos que requieren de cierto grado de profesionalidad-, tienen ciertos reparos pero qué pasa cuando el que llega tarde es el otro. Para eso basta un caso hipotético que seguro cualquier persona a atravesado más de una vez en su vida: El turno con el médico es a las 16.30. El paciente está, pero el médico no llegó. Al rato llega, comienza a atender, pero empieza con los turnos de las 15.50 y 16. El paciente de las 16.30 se resigna a tener que esperar más de lo normal. El médico a veces no se disculpa y su agenda se atrasa perjudicando a todos sus pacientes del día.
“La puntualidad es una forma de demostrar respeto, de respetar un acuerdo con el otro”
¿A quien no le pasó? Y ahí parece que no hay lugar para la queja. “Yo llego puntual a ese tipo de citas, pero ya voy preparado para esperar”, indicó Andrés (35) quien sostuvo que él ya va sabiendo que “no tiene sentido llegar temprano si siempre se demoran. El problema en esos casos es cuando vas porque estás enfermo, porque si es un consulta de rutina no pasa nada, pero si te sentís mal tener que ir sin saber a que hora vas a salir es algo que me molesta muchísimo”.
La reunión por Zoom se programó para las 13. Hay diez convocados. El moderador da el pase a la sala virtual a las 13 y solo aparecen siete personas. Las restantes se van “enganchando” con el paso de los minutos y para no interrumpir, ni dejar más en evidencia la demora, ninguno dice nada, ni se disculpa. ¿Es posible llegar tarde si no tenes ni que salir de tu casa para asistir al lugar? Por lo visto, sí.
Al trabajo, a clases, a salidas con amigos o parejas, no hay actividad a las que ciertas personas lleguen a tiempo y así y todo no sufren las consecuencias. “Es que más que algún comentario no podes hacer. Si te quejas automáticamente pasas a ser una ‘pesada’ y más si la demora esta relacionada a cuestiones de entretenimiento como puede ser salir con amigos”, dijo resignada Agustina.
¿RAZONES O EXCUSAS?
Hasta acá la palabra de los que sufren esta problemática, pero los verdaderos protagonistas de esto los impuntuales también tienen algo para decir. Ellos pueden intentar esbozar algún tipo de excusa o explicación, pero más allá de eso, del otro lado lo único que esperan es un pedido de disculpas y que no se vuelva a repetir.
“Si tengo que dar una razón de por qué llego tarde a todos lados la verdad es que no sé. Es algo que ya me sale naturalmente”, aseguró sin ningún tipo de prurito Alberto (29). Es más “me pasó toda la vida, por ejemplo cuando iba a la escuela entraba a las 7.20 pero siempre llegaba después de las 8, no me quedaba libre porque tenía buena onda con los preceptores y me perdonaban las faltas”.
“Ahora de grande intento mejorar, pero siempre pasa algo no sé, tal vez inconscientemente me relajo, la verdad no se. Lo único que puedo decir es que intento llegar a tiempo pero por ahora no me sale”, afirmó entre risas.
Pero más allá de que es un tema que se toma con liviandad, más de una vez le trajo problemas, sobre todo en el ámbito personal más de una mujer se le enojó por llegar tarde a una cita.
“No sé por qué llego tarde a todos lados, es algo que ya me sale naturalmente”
“Creo que a mi me gusta vivir al límite”, bromeó por su parte Fernando (28), pero ya en un tono más serio indicó que intenta “llegar antes, incluso a veces lo planifico pero por lo visto cometo algún error de cálculo, porque por alguna u otra razón termino a las corridas y llegando tarde o sobre la hora”.
A él esto le costó algún que otro enojo, casi siempre provenientes de un mismo amigo que lo ha tenido que esperar en más de una oportunidad, pero al no tratarse de consecuencias realmente graves no se preocupa demasiado.
¿Si no hay consecuencias por qué cambiar? Pueden preguntarse muchos de los impuntuales, por lo que mientras no los afecte todo va a continuar así, y los puntuales seguirán sufriendo las consecuencias de los primeros. Así la puntualidad, antes una costumbre muy valorada y exigida por la mayoría, hoy está devaluada, al punto de empezar a creer que ser puntual se pasó de moda. Pero para muchos, ser puntual sigue siendo algo clave, como decir buen día o hasta luego y no una cuestión optativa.
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