Sin dudas la nobleza, también tiene lo suyo. Así, la princesa Amalia (hija de la reina Máxima y el rey Guillermo de Holanda) tiene ya 19 años, y es esperable, como toda heredera real, que forme familia para tener descendientes en los Países Bajos.
Pero la historia tiene un lugar reservado para ellos: y se trata de la separación de uno de los posibles candidatos para las princesas de las monarquías, que aún quedan vigentes.
Es Gabriel, el príncipe de Bélgica, que no necesariamente es heredero al trono en su dinastía, ya que en 1990 se decidió abolir la “ley sálica”, que ordenaba que solo pudieran acceder a la corona los hijos varones. Bueno es saber que, el mencionado joven nació en 2003, hijo de Felipe y Mathilde, después de Isabel, lo que lo ubica como segundo en la línea sucesoria.
En este cuadro de situación, el motivo real por el que Amalia no puede enamorarse del príncipe Gabriel Baudouin Charles Marie de Bélgica, no es que no esté en la línea directa de sucesión al trono, sino que los separa un conflicto histórico.
El príncipe Gabriel se lleva solo dos meses de diferencia con la princesa Amalia, punto que podría ser de encuentro para ellos (habla francés, holandés e inglés con fluidez), pero la ley no les permitiría la unión, aunque se enamoraran, así como tampoco entre sus hermanos: Un decreto de la ley belga impuso la norma por la que ningún miembro de la familia real puede casarse con otro de la Casa real de Orange-Nassau, y se dispuso de esta prohibición de 1830, justo cuando Bélgica declaró su independencia, liberándose por completo del reino de los Países Bajos.
Finalmente, y de esta manera, se prohibieron los casamientos con los miembros de la casa real de Holanda, para evitar que la nación se vuelva a someter a sus dominios. Pero, aún así, quedaría una opción, ya que, si de amor verdadero se tratara y éste se tornara inevitable, los reyes podrían evaluar la posibilidad de modificar el histórico decreto.
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