Una mayor disponibilidad de tiempo libre para los niños y una defensa de la creatividad y también del aburrimiento infantil, para que encuentren vivencias y puedan explorar conocimientos propios, fueron remarcados por uno de los pedagogos más prestigiosos del mundo, el italiano Francesco Tonucci, cuando visitó la Argentina en abril pasado. La propuesta remarcó la importancia de los juegos espontáneos de los chicos, en una época en la que, en cambio, sus vidas parecen verse cada vez más regimentadas.
Tales afirmaciones surgen como una de las conclusiones dignas de volver a ser analizadas, ante las coincidentes conclusiones vertidas en estos días por expertos en psicología, psiquiatría y en el tratamiento de la adicción a las nuevas tecnologías en edades tempranas, que trataron sobre la creciente necesidad de que los padres procuren evitar por parte de sus hijos el uso excesivo de los celulares, las redes sociales y los videojuegos.
En este sentido, el grupo de expertos valoró la medida implementada en los últimos meses por padres y profesores de la ciudad de Greystones (Irlanda), que se unieron para establecer un código común que prohíbe el uso de los smartphones entre sus hijos y alumnos hasta que estos alcancen la escuela secundaria.
Cabría añadir que también desde hace años los investigadores de uno de los mayores polos científicos del mundo tecnológico, como es el de Sillicon Valley, en los Estados Unidos, decidieron enviar a sus hijos a la Waldorf School de Península, en California, que es un colegio sin computadoras.
En este establecimiento no hay televisores ni PC, sólo tizas y pizarrón, a la vieja usanza, buscándose así ampliar las bases de libertad personal.
Los chicos aprenden también a tejer, coser y hacer pan, en tanto que recién se les enseñan los rudimentos de informática a los 13 años de edad.
Con estas decisiones no se niega la enorme trascendencia del universo informático, sino que se busca mitigar los efectos nocivos de las nuevas tecnologías, como la exposición a contenido inapropiado, adicción y dependencia de estos dispositivos, casos de ciberacoso y ‘sexting’ o la pérdida de privacidad.
A esto se añaden peligros físicos como los problemas de visión, la mala postura o la falta de sueño, entre otros.
Tales medidas fueron consideradas como factibles, tomando en cuenta “que no se retira en forma aislada, sino en grupo, lo que genera un marco normativo que permite a los niños comprender más fácilmente esta decisión”, consideró uno de los psicólogos del centro especializado en salud mental Ita Argentina.
Añadió que al mitigarse o neutralizarse el uso de dispositivos digitales “se recuperarían espacios de ocio y se trabajarían nuevas habilidades, como la gestión del aburrimiento, la autorregulación y las habilidades de socialización”.
No limitar la capacidad autónoma de exploración y la creatividad infantil, no impedir la experiencia del autoconocimiento, devolverles su capacidad de juego, de tener tiempo libre y sin compromisos, así como no impedir que los niños salgan a jugar a la calle -“no dejamos salir a los niños a la calle porque pensamos que la calle es peligrosa; pero si la calle es peligrosa es porque no hay niños”, dijo el mencionado pedagogo italiano-, formaron parte de un mensaje que debiera ser ponderado en profundidad.
SUSCRIBITE a esta promo especial