El partido fue malo. Malísimo. No se jugó bien al rugby o, mejor dicho, se defendió mucho más de lo que se intentó pasar la pelota. Claro, había un ascenso de por medio y será el motivo de la cautela. Mucho corazón y poca destreza en un Los Tilos-La Plata que además del triunfo canario que lo dejó en la antesala del Top 12 quedará en la historia por su buen comportamiento.
Antes, durante y después del partido convivieron en el predio de Tilos jugadores, hinchas y dirigentes de ambos clubes. Con camisetas, gorros, con algún color de por medio, vivieron un partido. No hubo policías ni seguridad privada. No se tuvo que separar a las parcialidades. No hubo necesidad que limitar los lugares a nadie, porque cada uno supo respetar, una palabra que no abunda en el país, un país en donde la intolerancia es moneda corriente.
El rugby, que muchas veces es noticia por la violencia fuera de la cancha de una minoría, esta vez dio la nota, la buena nota, en un partido que demostró que hace falta empezar a respetar sin agredir, y mucho más cuando lo que está en juego es un evento deportivo. No pasa la vida por allí.
Ganó La Plata y su gente festejó en la mitad de la cancha. Adelante de los locales, que aplaudieron a sus jugadores y se fueron a sus casas. No hubo impedimento para que el ganador, con justicia, celebrara lo conseguido. ¿Por qué no iba a poder hacerlo? Porque a veces naturalizamos lo que no debe ser natural.
Pasados unos minutos buena parte de los presentes se quedó en el predio. Hubo un Tercer Tiempo para jugadores y dirigentes. Y otro, muy grande, para ex jugadores de diferentes camadas. Como había sucedido en la primera ronda en Gonnet, los de Los Tilos agazajaron a sus rivales en varias carpas desparramadas por la zona. La categoría 1973, la '72, la '78, la '68... Los mismos que alguna vez jugaron clásicos recordaron los tiempos dorados pese a la bronca de unos y la alegría de otros.
Sin dudas, el rugby de nuestra Ciudad, en tiempos de peleas en gimnasios de básquet, cuando las ligas de fútbol tienen que suspender sus torneos por peleas, cuando no hay hinchas visitantes en el fútbol local, cuando se agreden en partidos infantiles, el rugby dio una lección de buena convivencia. Ojalá sea el puntapié de un nuevo camino que sepamos transitar, con los colores y banderas política que sea..
SUSCRIBITE a esta promo especial