La historia de Dalila Soledad Belastegui, de 29 años, conmovió este martes a los platenses. La mujer, que vivió varios años en Brasil, contó su dramática historia tras sufrir un nuevo robo en su heladería que abrió en marzo pasado en la zona del Parque Castelli, sobre la calle 70 entre 23 y 24, a la que llamó “Gury”.
Dalila confesó casi entre lágrimas y con mucha angustia que evalúa una posibilidad concreta de sepultar ese proyecto. El ataque se consumó el pasado sábado 19 de octubre y quedó filmado en cámaras de seguridad, a las que accedió este diario, y en las imágenes se ve cómo opera la banda delictiva. Lo peor del ataque fue que los delincuentes intentaron abusar de ella pero sólo por fortuna pudo evitarlo a las patadas.
"Creo que voy a vender todo y me vuelvo a ir. No me puedo quedar acá”, expresó. Y agregó que “en el robo anterior, entregué a la Policía la foto de los ladrones, los datos, y no pasó nada. Hasta me dieron un botón antipánico luego de haber sufrido los primeros robos, pero no funciona”, agregó ofuscada.
Lo cierto es que en las últimas horas cayeron dos de los acusados. Uno de 32 años y el otro de 36. Además se incautó la pick Up Peugeot que se ve en los videos y que fue utilizada para huir de las escena.
Según el parte policial al que accedió EL DIA, los ladrones escaparon con efectivo, una notebook y un teléfono celular, pero luego de investigar el material fílmico, personal de Comando Patrulla logró identificar el rodado en 80 entre 6 y 7, por lo que quedaron detenidos sus ocupantes, que serían los atacantes.
El crudo relato
“Extrañaba a mi familia horrores, quise apostar, pero qué puedo hacer si cada 15 o 20 días me roban”, mencionó con un dejo de tristeza y de cruda realidad, la que se vive en todos los rincones del partido. “El techo ya lo arreglé cuatro veces. Así se hace imposible”, comentó, por lo que Brasil volvió a estar en su horizonte.
Como se informó, el último sábado, cerca de las 20:37, Dalila se encontraba en su local en momentos en que abre la puerta de reja para que ingrese un hombre, que pensó era un cliente más. Sin embargo, a veces las apariencias engañan. Segundos después, detrás de esa persona apareció otra y ahí le mostraron un arma de fuego “enorme”, tal como describió. Cree con un silenciador. Anoticiada de que se trataba de un nuevo asalto, decantó el pedido de entrega de la recaudación. Y no fue lo único.
Siempre en base al relato de la víctima, uno de los ladrones la obligó a ingresar al baño, donde hubo un forcejeo, producto del cual sufrió la rotura de sus prendas de vestir: un top y una camisa de lino larga. En medio de ese vendaval de locura, hubo golpes. Fueron patadas en las piernas y trompadas en distintas partes del cuerpo.
Lo peor llegó cuando vio que el agresor empezó a desprenderse su pantalón, pese a los gritos del cómplice, que le pedía salir del lugar. Dalila no se resignó y peleó con todas sus fuerzas para evitar tamaña afrenta a su intimidad. Por suerte, pudo evitar que el criminal cumpla con sus bajos instintos. “¿Tengo que agradecer que no me violó?”, se preguntó la joven muy afectada por el suceso.
Minutos más tarde, cuando no sintió más ruidos, la comerciante salió del encierro y comprobó lo que le habían sacado: una notebook, dos celulares, una caja con 250 mil pesos aproximadamente y su cartera, donde guardaba la billetera con otros 40 mil pesos y documentación como las tarjetas de crédito y débito, el pasaporte, DNI, la tarjeta de Mercado Pago y el carnet de socia del club Estudiantes.
Respecto de los autores del golpe, una cámara de la cuadra los captó en primer plano. Viajaban en una camioneta Peugeot 504 de color azul, a la que no le abría la puerta del lado del acompañante, tal como se observa en las imágenes.
En la causa tomó intervención la UFI Nº 9 de La Plata, con colaboración de personal de la comisaría octava, que ya releva en la zona testimonios y filmaciones. “Yo tengo pensado cerrar, pero si no lo hago, voy a tercerizar el delivery, porque es peligroso mandar a alguien también”, concluyó Dalila.
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