Todos los alimentos suben y suben de precio, pero un rubro de la canasta básica que aumenta sin descanso es el de la fruta. En estos días, tantos han sido los ajustes que llevando apenas unos pocos kilos de esa mercadería se llega fácilmente a los 10.000 pesos, todo un gasto si se considera que una familia tipo (cuatro personas) lo consumen en tres o cuatro días, no mucho más.
El Indec informó ayer la cifra de la inflación de enero último, que fue de un poco más del 20 por ciento (ver página 3). Dentro de ese índice, los alimentos subieron 18,6 por ciento, y en el puesto décimo quedó la fruta, con un aumento calculado para el primer mes del año en 16.9 por ciento.
Alrededor de un 15 por ciento, según, indicaron en el sector de los comercios de venta de fruta, hay que agregarle como ajuste en varios de los productos del rubro en la primera semana de febrero, según señalaron en el sector de las verdulerías.
Como ya se ha reflejado en este diario en más de una oportunidad, hacer la compra en las verdulerías no sólo implica un alto impacto en el bolsillo sino que además el mandado cotidiano se realiza sin ningún número de referencia: de una cuadra a otra puede haber diferencia de hasta 1.000 y 2.500 pesos.
Sirve para el ejemplo el caso de la banana, que se ofrece desde hace un tiempo y a raíz de su encarecimiento, entre la que proviene de Ecuador y la que se cosecha en Bolivia o Paraguay.
En el radio de cinco cuadras a la redonda, en locales cercanos a Plaza Rocha, es decir, en un sector del centro platense, el kilo de bananas de origen ecuatoriano puede conseguirse a 2.500, 2.800, 3.000, y 3.900 pesos.
Las traídas desde Bolivia cuestan alrededor de 2.000 pesos.
UNA “CANASTA” DE 10.000 PESOS
Ahora, de acuerdo a precios relevados por este diario en distintas verdulerías y fruterías de la Ciudad, se puede calcular cuánto se lleva de productos tan básicos como bananas, manzanas, duraznos, ciruelas y naranjas si se redondean, como se dijo, los 10.000 pesos.
A esa cifra se arriba llevando, por caso, una bolsa con el kilo de bananas más baratas (2.000 pesos), un kilo de manzanas chicas (1.800 pesos), un kilo de duraznos (2.500 pesos), un kilo de ciruela gota de miel (2.000 pesos), y un kilo de naranjas (1.500 pesos). El total da: 9.800 pesos. Sin embargo, justamente por la disparidad de precios, esa misma cantidad y categoría de frutas puede llegar a costar un poco menos y bastante más, según dónde se compre.
En esta “frutera”, pensada con lo clásico del consumo en un hogar, no se están teniendo en cuenta verdaderos “lujos”, como la frutilla (entre 2.500 y 3.200 pesos el kilo), la cereza (de 3.000 a 6.500 pesos el kilo), el melón (el kilo oscila entre 900 y 1.700 pesos) y el kiwi (hasta 6.500 pesos el kilo).
Encima, ese nivel tan elevado de precios sucede no sólo con la fruta que se importa, sino también con la típica del verano, la llamada “de estación” que se produce en el país y alguna en la Región: melón, ciruela, durazno, sandía, frutilla, cereza, uva, entre otras.
Un hecho que comenzó a advertirse en las verdulerías de la Ciudad es que los precios de frutas y verduras son relativos a la Cuenta DNI, pues en muchos de los locales del rubro aumentan por la posibilidad que tiene el cliente del reintegro del 30 por ciento por parte del banco.
Así lo planteó una vecina, furiosa por los valores con los que se topó el último sábado, día de la semana en que se efectúa el descuento con la billetera virtual. “Estoy cansada de ver que suben los precios porque a nosotros nos devuelven parte de la compra. Entonces el beneficio es para los verduleros, no para los consumidores”, se quejó la mujer.
Otra tendencia que se está advirtiendo en las verdulerías y que va contra todo derecho del consumidor es la de no indicar los precios en los cajones de la mercadería. Mientras que hay locales que marcan a cuánto están algunos de los productos y otros los dejan sin señalar, también hay comercios que carecen por completo de esa información al cliente.
Con la fruta y la verdura sigue existiendo una gran brecha entre el costo original y lo que luego se le cobra a los consumidores. Según un informe reciente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la diferencia entre lo que recibe el productor y el precio final en los puntos de venta promedia 3,8 veces; eso es casi cuatro veces más de lo percibido en las bocas de cosecha.
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