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"76 89 23": la historia de la película maldita del cine nacional que anticipó el presente

Federico Benoit filmó un homenaje a "76 89 03", la película de Flavio Nardini y Cristian Bernard que se estrenó en el 2000, fue castigada por la crítica y hoy es una comedia de culto

En el año 2000, al filo del estallido, se estrenó en cines una película independiente que rompía con lo establecido: los personajes de “76 89 03”, que buceaban en la noche profunda intentando pagar una noche de placer con una vedette estrella en su infancia, eran misóginos, asquerosos, miserables, encarnación de lo peor de la porteñidad. La película fue, por decir poco, controversial: nada tenían que ver esas criaturas con el Nuevo Cine Argentino, hecho de personajes humildes, en la lucha, y de climas sobrios. Esta película, puro desparpajo, sacudió el avispero.

La crítica la mató. Pero con el tiempo la obra de Flavio Nardini y Cristian Bernard se transformó en una película de culto: los tres tiempos de la película mostraban cómo aparecía la semilla de ciertos valores violentos, machistas y consumistas en nuestros antihéroes durante su infancia de dictadura en el 76, para instalarse de pleno en los años de la híper, camino al sálvese quien pueda de los 90. Una película anticipatoria, o no, porque en realidad desde su propio título la película ya contaba las recurrencias, la circularidad, la historia argentina.

“La película tiene muchos matices que tienen que ver con el hoy, 25 años después, lamentablemente: cuando la volví a ver de confirmar que la historia es cíclica, que tropezamos con las mismas piedras”, dice Federico Benoit, autor del documental “76 89 23”, un homenaje a la película que se estrena hoy en el Centro Cultural 25 de Mayo de la capital federal.

El documental, cuenta Benoit, empezó a gestarse antes de las elecciones de 2023, “pero se sentía un caldo de cultivo de lo que iba a venir. Y cuando empezamos a rodar, ya había ganado Milei: ahí se terminaron de acomodar todas las piezas”. 

Benoit es parte de la línea sucesora de Pedro Benoit, autor del diseño de la ciudad de La Plata, pero nació en Quilmes, y estudió cine con Ezequiel Mendoza, productor de la película original. Él se la mostró, mientras estudiaba, “y quedó encandilado con esa Buenos Aires nocturna, filmada en fílmico, en blanco y negro”. Pero además, sintió el choque: nada tenía que ver ese cine, ese tipo de comedia, con las películas que se estaban haciendo en ese momento (tampoco tiene demasiado que ver con el cine de hoy): “Era una película trasgresora, que venía a romper con ciertas estructuras”, afirma. 

Pero la crítica, buena parte del canon de la crítica al menos, no la recibió con cariño. Hay cuestiones relacionadas a la industria, a la competencia, teorías conspirativas sobre esa crítica negativa, “había otras cuestiones en juego”. Pero también se hizo sobre el filme un ataque moral: los directores, que venían de la publicidad, eran apologistas de los valores de sus personajes. Cuando no eran, directamente, los personajes.

Pero “uno no puede asociar a los personajes con los directores, es como mirar un capítulo de Micky Vainilla y pensar que Capusotto es nazi, como dice Guillermo Aquino en el documental. Hay cosas que parecen aberrantes, hoy más, pero es una comedia negra. Y no tengo que defender a la película, se defiende sola: si no entrás en su juego, no estás entendiendo nada”, lanza Benoit. 

El género cómico, de hecho, juega con esa ambigüedad. “El humor inteligente, bien utilizado, es una excelente manera, quizás la más efectiva, de bajar una opinión desde lo autoral. Históricamente, desde Chaplin, podés criticar a un sistema, a una sociedad, a una temática. Es un buen lubricante, el humor, para tomar posición”, opina. “El arte tiene que ser disruptivo, no tiene que ser condescendiente con el poder de turno”.

La frase resuena particularmente en un momento donde el cine no para de recibir los embates del poder de turno, un momento donde “es la primera vez que el INCAA no ha hecho una sola película”. En ese sentido, dice Benoit, el documental “es un homenaje al cine argentino”, siempre atado con alambre. Como su propia película, “que también es autogestionada”. Sin promoción detrás, sin un estudio multinacional que sea dueño de cadenas de cine, el documental tendrá trabajo para encontrar salas: en principio, solo tiene confirmadas sus funciones en el 25 de Mayo porteño, los miércoles de noviembre.

“Muchos cineastas deberían tener más espacio. Y a precios populares: hoy el cine, también, se ha vuelto bastante elitista”, dice Benoit. “Yo tengo otra idea de lo que es el cine, tiene que ser para todos, pero hoy vas a Cinemark y gastás 50 lucas… una locura”.

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