El Obispado de Quilmes comunicó el fallecimiento del presbítero Daniel Sáez, ocurrido el pasado domingo 1° de junio a los 69 años de edad. Sus restos están siendo velados hoy, lunes 2 de junio, desde las 9 hasta las 14 en Casa Cuellas, ubicada en Lisandro de la Torre 1130, Berazategui.
Monseñor Carlos Tissera, obispo diocesano de Quilmes, presidirá la misa de exequias a las 12:30 en el mismo lugar. Posteriormente al velatorio, se realizará el entierro en el Cementerio Municipal de Berazategui, en la Avenida Intendente Nicolás Milazzo 368, Ranelagh, donde descansará en la parcela destinada a los sacerdotes.
El presbítero Daniel Sáez nació el 31 de marzo de 1956 en la provincia de San Juan y fue ordenado sacerdote el 23 de mayo de 1997 por monseñor Jorge Novak. Su trayectoria ministerial en la diócesis de Quilmes fue extensa y dedicada. El 3 de junio de 1997 fue designado vicario parroquial de Nuestra Señora de Luján, en el decanato Berazategui. Ese mismo año, el 12 de junio, fue nombrado capellán del Hospital Evita Pueblo de Berazategui, una misión que cumplió ininterrumpidamente hasta su fallecimiento. El 26 de diciembre de 1997, también se hizo cargo como capellán de la capilla Señor de Mailín y Nuestra Señora de Fátima, en Berazategui.
A lo largo de los años, el presbítero Sáez ocupó diversos cargos en la diócesis. El 28 de diciembre de 2000 fue designado administrador parroquial de Santa Rosa de Lima. El 24 de marzo de 2003 asumió como vicario parroquial de San Cayetano y el 5 de marzo de 2004, como administrador parroquial de San Juan Bautista, todas estas responsabilidades dentro del decanato Florencio Varela. El 30 de diciembre de 2005, de manera provisoria y en ausencia de los párrocos titulares, fue nombrado administrador parroquial de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en el decanato Quilmes Oeste I, y de San Francisco Solano, en Quilmes Oeste II.
En sus últimos años, la salud y las condiciones físicas del presbítero Sáez se vieron significativamente afectadas. No obstante, según informaron desde el obispado, su fe se mantuvo inquebrantable, viviendo siempre la voluntad de Dios con profunda convicción. A pesar de las limitaciones en sus movimientos, continuó visitando el hospital y acompañando activamente a los agentes de la Pastoral de la Salud, una labor que caracterizó gran parte de su ministerio.
Desde el Obispado de Quilmes, expresaron: "El Señor lo llamó a su encuentro el domingo de la Fiesta de la Ascensión del Señor. Damos gracias al Señor por su vida y su ministerio entre nosotros, y le encomendamos su alma", encomendando a María Inmaculada que "fortalezca en el dolor a su familia, a sus amigos y a la diócesis donde él donó su vida".
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