Las amenazas a la isla ártica, un reto para la OTAN
Edición Impresa | 8 de Enero de 2026 | 01:36
Las recientes amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra Groenlandia abrieron un escenario inédito y potencialmente existencial para la OTAN, una alianza concebida para enfrentar amenazas externas que ahora podría verse arrastrada a una confrontación interna protagonizada por su miembro más poderoso. La Casa Blanca reconoció que evalúa “opciones” para tomar el control de la isla, sin descartar el uso de la fuerza militar, en un giro que sacude los cimientos de la organización.
Groenlandia, una región semiautónoma perteneciente a Dinamarca -aliada de la OTAN-, posee una ubicación estratégica clave en el Ártico y abundantes recursos minerales. El renovado interés de Trump en la isla amenaza con poner en riesgo el futuro de la alianza atlántica, fundada en 1949 para contener a la Unión Soviética y hoy enfocada en desafíos como Rusia o el terrorismo internacional. La OTAN depende en gran medida del liderazgo político y del poder militar estadounidense, lo que vuelve especialmente delicada cualquier crisis que involucre a Washington.
La alianza se basa en el principio de defensa colectiva consagrado en el Artículo 5, según el cual un ataque contra uno de sus miembros es considerado un ataque contra todos. Sin embargo, ese mecanismo no contempla el escenario de un ataque entre aliados, lo que dejaría a la OTAN paralizada. Aunque existieron tensiones internas en el pasado -como los roces históricos entre Grecia y Turquía-, ninguna puso en jaque la unidad del bloque como lo haría una acción militar estadounidense contra Dinamarca.
Trump elevó el tono al afirmar que “Rusia y China no tienen miedo de la OTAN sin Estados Unidos”, aunque aseguró que su país seguirá apoyando a la alianza. Poco después, la Casa Blanca declaró oficialmente que Groenlandia es una “prioridad de seguridad nacional” y dejó abierta la posibilidad de emplear al ejército. Para el analista Ian Lesser, del German Marshall Fund, se trata de un escenario de “baja probabilidad pero altísimas consecuencias”, cuya mera posibilidad ya no puede descartarse como simple retórica.
Las reacciones europeas no tardaron en llegar. Los líderes de Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Polonia y España defendieron la soberanía de Groenlandia y el derecho exclusivo de Dinamarca y de los groenlandeses a decidir su futuro. Canadá también expresó su respaldo. En cambio, la OTAN evitó pronunciarse de forma directa, reflejando su cautela frente a la postura de Washington.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, advirtió que las amenazas deben tomarse en serio y que un intento de tomar Groenlandia podría significar el fin de la OTAN. La crisis llega, además, en un momento crítico, cuando la alianza intenta mantener la cohesión frente a la guerra en Ucrania. Para analistas como Maria Martisiute, la credibilidad del bloque está en juego: si un miembro clave socava a otro, se debilita la cohesión y se beneficia a adversarios como Rusia y China.
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