Un nene, gritos de auxilio y atrocidad en La Plata

Fue en 168 entre 41 y 42. Un llamado anónimo derivó en el rescate de un menor que no paró de pedir ayuda. Su papá fue aprehendido

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Un llamado, cargado de temor, terminó por destapar una escena tan estremecedora como difícil de creer. En un domicilio del Gran La Plata, un nene de 11 años fue rescatado tras permanecer encerrado en condiciones inhumanas, en un caso que ya es investigado por la Justicia bajo la figura de privación ilegal de la libertad agravada.

Todo comenzó cuando una vecina decidió alertar a las autoridades. Sin querer dar su identidad por miedo a represalias, denunció que en una casa de la zona se escuchaban gritos desesperados de un menor que pedía ayuda durante gran parte del día. Según su relato, la situación se volvió aún más alarmante cuando ese mismo hombre comenzó a efectuar disparos, lo que aceleró la intervención.

Al llegar al lugar, los efectivos se entrevistaron con la mujer, quien señaló con precisión la vivienda en cuestión. Segundos después, al aproximarse, los agentes escucharon lo que parecía confirmar el peor escenario: desde el interior de la casa se oían gritos desgarradores, una voz infantil que repetía entre llantos “auxilio, auxilio”.

Frente a esa situación, y ante la urgencia del caso, se dispuso el ingreso inmediato al domicilio. En el lugar fue recibido por un hombre de 64 años, quien intentó explicar la situación. Sin embargo, los sonidos provenientes del fondo de la vivienda no dejaban margen para la duda.

Fue allí donde se encontraron con la escena más impactante. En la parte trasera del terreno, dentro de una casilla precaria de aproximadamente dos metros por dos, construida de forma rudimentaria y con cerramientos asegurados desde el exterior, estaba el nene. Encerrado, llorando y gritando.

El nene se encontraba en condiciones alarmantes. Tenía el torso desnudo, estaba descalzo y llevaba colocado un pañal de tela. Presentaba dificultades para expresarse, evidenciando un cuadro de extrema vulnerabilidad. De inmediato fue liberado por el personal interviniente.

Según manifestó el hombre en el lugar, el menor sería su hijo y padecería un trastorno del espectro autista, argumento con el que intentó justificar el encierro. Sostuvo que lo mantenía en esas condiciones por “su seguridad y la de terceros”, una explicación que ahora deberá ser evaluada en el marco de la investigación judicial.

Durante el procedimiento, también se constató que el hombre poseía un arma de fuego. Ante la consulta, hizo entrega voluntaria de una escopeta calibre 12, junto con cartuchos, que fueron incautados de manera preventiva.

Tras el rescate, el niño quedó bajo resguardo de su madre, mientras que se dio inmediata intervención a los organismos de niñez y adolescencia para garantizar su asistencia integral. En paralelo, la fiscalía en turno avaló el accionar y ordenó las actuaciones correspondientes, además de la aprehensión del implicado.

El caso generó una fuerte conmoción no solo por la crudeza de la escena, sino también por el trasfondo que deja al descubierto. Un encierro prolongado, gritos ignorados durante días y un desenlace que, según coinciden fuentes del caso, pudo haber sido aún más grave de no mediar la denuncia.

Ahora será la Justicia la que deberá determinar responsabilidades en un expediente que ya se perfila como uno de los más impactantes de los últimos tiempos en la región. Mientras tanto, queda la imagen imposible de borrar: la de un niño pidiendo auxilio desde una jaula improvisada, en pleno corazón de un barrio.

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