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22.11.2017

Las reformas económicas apuntan en forma inevitable en la remuneración de los jubilados

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Por RICARDO ROSALES

Aunque no haya sido explicitado por la administración del presidente Mauricio Macri, o quizás poco aclarado, el paquete de reformas económicas desemboca de manera inevitable en una discusión para redefinir la cláusula de actualización de las jubilaciones.

El gasto fiscal otra vez, está en el centro del problema. Es el viejo dilema de la manta corta y la nueva teoría del gradualismo. Opuestos pero complementarios.

Las intenciones oficiales de equilibrar las cuentas del Estado y corregir distorsiones acumuladas por años, están claras.

Pero en la acción cotidiana no aparecen tan nítidas. Un antiguo colaborador de Macri, ex aspirante a ministro de Economía y hoy distanciado, Carlos Melconian, aseguró la semana última que se perdieron dos años en los que hubo inacción, no gradualismo.

Aunque también dijo que la sensación actual es que se empezó algo y se terminó con la inacción.

La dificultad que hoy se advierte para avanzar más a fondo con una reforma tributaria nacional, está en el rol de las provincias.

De las ruedas de conversaciones con los gobernadores surge que allí no habrá sacrificio fiscal significativo.

Los temores provinciales tienen dos motivos: uno, la reforma que les obligaría a reducir Ingreso Brutos y Sellos; y dos, el reclamo de Buenos Aires por 65.000 millones de pesos.

“El FMI, con un lenguaje más político y coloquial ha sugerido al Gobierno que apure las reformas y sea enérgico con el equilibrio fiscal”

El peso de estos dos tributos provinciales (Sellos e Ingresos Brutos) pasó de 2,2% del PBI hace 15 años, a 4,5% actuales.

Un objetivo clave sería revertir esa tendencia ascendente de la presión tributaria provincial, que se duplicó en una década y media.

Pero en el medio está el reclamo de Buenos Aires, lo que obliga a un acuerdo de los gobernadores con la Nación para compensar las eventuales pérdidas de recursos.

El arreglo que habría surgido en el primer acercamiento, vuelve a dejar los números en rojo a la Nación.

El ministro del Interior Rogelio Frigerio mandó un mensaje que esperaban los gobernadores: con la compensación a Buenos Aires, ninguna provincia perderá.

Aunque la gobernadora María Eugenia Vidal recupera por dos vías, la principal con fondos nacionales, los recursos que perdidos por Buenos Aires en los `90.

El resultado de esta negociación, como se señaló, es un mayor compromiso de gastos de la Nación.

¿Y como compensarlo si las reformas en danza deberían ir en la dirección contraria? La Nación no tendría forma de hacerlo si el gasto previsional para los jubilados sigue escalando.

En el año 2014 representaba 6,4% del PBI y este año, luego de la Ley de Reparación para lo jubilados, trepó a 8,2% del PBI.

El Tesoro hoy cubre el déficit previsional en algo más de 2 % del PBI.

De manera que si no hay cambios que permitan un ahorro, la Nación no tendría margen para cubrir el compromiso con Buenos Aires y el resto de las provincias.

El cambio de la cláusula de ajuste de las jubilaciones propuesta va en la dirección contraria a la Ley de Reparación Histórica.

De hecho, se parece a una contrarreforma dirigida a contener el gasto previsional, hoy con un rojo fuera de todas posibilidades de financiamiento genuino.

Una expectativa oficial, que ayudaría a morigerar ese déficit, tiene que ver con el blanqueo laboral.

Los números varían respecto a que cantidad de nuevos aportantes se agregarían al sistema.

En cualquier caso, para bajar el rojo del sistema jubilatorio, la caída de la informalidad laboral debería ser muy significativa.

Quizás por esta razón, aunque en voz baja, la reforma previsional es hoy mucho más importante para el oficialismo que el resto, y con un efecto inmediato en la reducción en el gasto nacional.

Si por alguna razón se trabara en el Congreso, o entrara en el sistema del gradualismo económico, o en negociaciones parlamentarias que obligan a morigerar el impacto, las demás reformas quedarían abstractas.

Las metas fiscales del año próximo no se podrían alcanzar. Y más aún, el rojo fiscal podría volver a subir. Es claro que esa no es una opción para el gobierno de Macri.

El rebote económico de este año y su continuidad en el próximo, depende de que se cumplan las promesas con las reformas y anuncios de un nuevo rumbo hacia la disciplina fiscal y baja de la presión tributaria.

El FMI, con un lenguaje más político y coloquial ha sugerido al Gobierno que apure las reformas y sea más enérgico con las metas de equilibrio fiscal.

También ha señalado que la Argentina tiene hoy un alto grado de vulnerabilidad por su endeudamiento a los vaivenes de los mercados financieros mundiales.

El organismo tiene hoy escasa influencia respecto del pasado. Y menos aún si el país no recurre a ninguno de sus programas de auxilio crediticio. Pero tiene influencia en el establishment internacional como auditor de la salud financiera de un país. Un tema que si interesa a Macri.

No es la primera oportunidad en el que el rojo del sistema jubilatorio precipita decisiones económicas o políticas. En los `80 con el gobierno de Alfonsín, luego con la privatización en los `90 y la nacionalización del 2008 con Néstor Kirchner.

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