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24.7.2017
TRASTIENDA POLITICA

Miserias y realidades del cierre de listas en el PJ bonaerense

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Por MARIANO PEREZ DE EULATE

Nadie podrá objetarle a Cristina Fernández que no avisó sobre su estrategia de armar un Frente Ciudadano sin el peronismo o con éste reducido a la mínima expresión: fue en abril del año pasado, en aquel acto realizado en las puertas de los Tribunales Federales de Comodoro Py luego de declarar ante la Justicia, cuando habló por primera vez de la organización política que tenía en mente y que ahora acaba de concebir.

En el PJ bonaerense o no quisieron escucharla, o pensaron que ella no iba a animarse a pegar el salto, como finalmente hizo.

Habrá que reconocerle osadía a la ex presidenta, que nunca fue muy apegada al llamado “pejotismo”. Lo escuchó Florencio Randazzo en ese último encuentro a solas, ya sobre la hora en la que cerraban las listas y en el que, otra vez, el ex ministro declinó la propuesta de unidad/sumisión que le acercó su ex jefa: “Somos la gente y yo, nada más”, le dijo. En esa frase hay que buscar el origen del concepto de armar un frente “ciudadano”, despojado de connotaciones partidarias.

Sabedora de que su estrategia electoral pasaría por resaltar los problemas económicos del gobierno macrista y defender sus propias decisiones en la materia, fuentes K admiten que Cristina llegó a evaluar la idea de no competir ella misma.

En la intimidad del Instituto Patria sonaron varios nombres, entre ellos el del ex ministro de Economía Axel Kicillof. Parece que el hombre no estaba bien de papeles en la Provincia.

La opción de candidatear a Fernanda Vallejos como primera diputada nacional supone la presencia de una prolongación de Kicillof en la oferta electoral cristinista.

Una refutadora de los “problemas de herencia” que podría plantear el oficialismo en la campaña. La dama, sin embargo, arrancó con un derrape por la reciente defensa desbocada de Amado Boudou, al que parangonó con Perón y con Evita, que ni el ex vicepresidente debe agradecer en sus horas de ostracismo y perfil bajo.

Pero acaso lo más notable del cierre de listas de Unidad Ciudadana sea el rol de los intendentes peronistas del conurbano. Todos ellos, presidentes del peronismo del distrito que gobiernan. Y al que básicamente renunciaron para seguir a Cristina, “arquitecta” de la derrota electoral del PJ del año 2015.

Este último concepto es una definición que se escuchaba de boca de los jefes comunales hasta ayer nomás.

Los alcaldes peronistas, en especial los del sur del Conurbano, prefirieron privilegiar su pequeña realidad comarcal, que abocarse a una épica más grande

Atrás quedaron, como si fueran postales de hace añares, iniciativas que buscaron la recuperación electoral del PJ desde una lógica renovadora. El llamado Grupo Esmeralda, por ejemplo, mesa de intendentes jóvenes que decían que Cristina era el pasado, terminaron sucumbiendo ante la indudable centralidad que, por mérito propio y errores ajenos, aún conserva la ex presidenta.

Los alcaldes peronistas, en especial los del sur del Conurbano, prefirieron privilegiar su pequeña realidad comarcal que abocarse a una épica más grande de cambio, que acaso los hubiera dejado en la historia reciente del peronismo. En esa lógica, fue mejor arreglar con el cristinismo para que no hubiera listas municipales hiper K que les robaran dos o tres concejales. Es decir, lograron que Cristina no les hiciera lo que hacía cuando estaba en la Casa Rosada: plantarles rivales locales. Eso sí, la lapicera por los cargos nacionales y provinciales la siguió manejando ella. Y se notó.

En algún punto se entiende: perder ese numerito puede, por ejemplo, ponerlos en la incómoda posición de transpirar preocupados cada vez que se vote una rendición de cuentas. Y además la realidad actual marca que CFK es básicamente eso en términos de poderío político: una gran presencia en las zonas postergadas de la Tercera Sección Electoral, con especiales picos en La Matanza y Lomas de Zamora. Fuera de Buenos Aires, Cristina tiene serios problemas de consolidación, con casi todos los gobernadores justicialistas mirándola desde otra vereda.

Gran parte de la responsabilidad de terminar con los alcaldes rendidos ante la persona que acusaban de hacer perder al PJ el año pasado, le cabe a Florencio Randazzo. Su mutismo de meses, pero en especial en el tramo final antes del cierre de listas, jugó al revés de lo que él creía: no generó la expectativa necesaria para conseguir la fidelidad total de los intendentes que renegaban de Cristina y tampoco sirvió para hacerlo subir en la intención de voto.

La jugada de Cristina de tirarle por la cabeza el PJ oficial, que él no esperaba, casi lo desinfló. Hasta ahora, mes y medio antes de las PASO, no pareció a la altura de poder generar el liderazgo que buscaban muchos justicialistas. Incluso permitió que corrieran rumores de todo tipo, que a la postre fueron desgastantes para él.

Terminó Randazzo con un armado más bien módico, hoy ubicado en un cuarto lugar de acuerdo a encuestas que ya circulan, con tres intendentes como mascarones de proa. Se verá cómo terminan jugando éstos cuando llegue la hora de la verdad.

Eduardo Bucca, de Bolívar, cabeza de la lista de diputados nacionales, es el elegido para mostrar “caras nuevas”. Gabriel Katopodis, de San Martín, declinó ofertas tentadoras de Sergio Massa; una fidelidad que le costará energía y recursos para frenar el embate cristinista en su distrito, que será feroz. Y Juan Zabaleta, de Hurlingham, sigue perteneciendo formalmente al espacio del ex ministro de Transporte aunque costará verlo pelear codo a codo con Randazzo: dicen que su prioridad será su pago chico.

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