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24.7.2017
viandas solidarias, estantes sociales, comidas pendientes y mapas para colaborar

Con ingenio, cada vez más platenses se lanzan a ayudar a los que menos tienen

Se multiplican los gestos creativos para darle una mano a los más desprotegidos

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La solidaridad de los platenses se extiende en gestos, ingenio y participación. Época difícil al decir de los vecinos que por una mera iniciativa personal le acercan ayuda a la gente en situación de calle, con un marcado crecimiento en la sociedad de las necesidades básicas como el alimento, el techo y la vestimenta sin cubrir, cada vez son más los que, conmovidos por las carencias materiales del prójimo, se largan a dar una mano.

De manera individual, en grupo, particulares, comercios. Existe por estos días todo tipo de movidas que tienden un puente generoso a quien está en una situación social vulnerable. Hay gente que cocina y reparte bandejas con guiso entre las personas que duermen a la intemperie; vecinos que promueven lugares fijos para dejar alimentos y ropa que retiran quienes necesitan de esas donaciones; bares y restaurantes que sientan a gente sin recursos en sus mesas y les dan un café con leche con medialunas o un plato de comida; y hasta un joven, conocedor de las herramientas que ofrece internet, que armó un mapa de la Ciudad, de acceso abierto, para que las diferentes iniciativas puedan organizarse mejor y ser más efectivas.

Son vecinos que, más allá de las estructuras tradicionales, se lanzan por su cuenta a ayudar a quienes más lo necesitan

En rigor, funcionan, y ya desde hace mucho tiempo, distintas instituciones que se dedican a tratar de compensar los efectos de la desigualdad social (Cáritas, Sumando Voluntades, Iniciativa Ciudadana, Banco Alimentario y otros numerosos proyectos solidarios locales) pero esta nota pretende destacar un fenómeno más novedoso: el de los vecinos que, más allá de las estructuras tradicionales, se lanzan por su cuenta a ayudar a los más desprotegidos.

LOS JUEVES, GUISO

Seis palabras, secas, cortantes, pero recargadas de significado, le dieron un golpe en la cara a Susana Sala, empleada de una concesionaria de autos y madre de dos adolescentes. “Hace dos días que no como”, le dijo un mes atrás, una noche, un hombre de alrededor de 60 años al que ella, que hasta entonces colaboraba con una asociación que repartía sopa a las personas en situación de calle, le estaba ofreciendo su ración. La vecina tardó cinco segundos en acusar recibo de la circunstancia extrema que pasaba el señor y al otro día ya había reaccionado convocando a sus amigos para reunirse en una ong, empezar a cocinar y organizar una acción colectiva con posibilidades de ir más allá de la entrega de un plato de comida.

“Todos los jueves nos juntamos a la tarde con amigos, cocinamos un guiso gigante y muy proteico de lentejas, y a la noche, repartidos en dos autos, recorremos desde el distribuidor Benoit hasta el Policlínico y le entregamos una vianda a la gente que vive en la calle. Empezamos con 20 bandejas hace menos de un mes y ahora, para el último jueves, distribuimos 70”, contó Susana, coordinadora de la ong Lascuatro Estaciones (así se llama y se encuentra la entidad, con las dos primeras palabras unidas, en Facebook), embalada como nunca en esta idea de ayudar a quien lo necesita y sorprendida por la enorme respuesta de la gente para colaborar en el proyecto. “Supera por completo todas nuestras expectativas -comentó-. Para el arranque pusimos dinero nosotros, pero desde que esto cobró alguna difusión no para de sonar el timbre por las donaciones”.

UN ESTANTE SOCIAL

En una plazoleta de Tolosa (camino Belgrano entre 527 y 10), adosado a un árbol, un cajón de madera prolijamente pintado y dispuesto de tal forma que su contenido quede resguardado del viento o la lluvia es el Estante Social del barrio. Ahí se invita:

“Si te falta, lleva; si te sobra, trae”. La propuesta es una idea de la ingeniera agrónoma Carol Gallo, quien vive enfrente del pequeño espacio verde y trata de que siempre haya alimentos y ropa a disposición de la gente necesitada. Ella aporta algo todos los días, incluido algún plato de comida que hace de más en su casa con ese objetivo, y además, colaboran con la idea, que copió de un bar de Tucumán donde se instaló una suerte de heladera comunitaria, vecinos de la zona.

“Mucha gente colabora, incluso personas que vienen de otros lados. Y todo vuela al minuto. Lo que más circula son los alimentos y la ropa. ¿A quién de nosotros le cuesta cocinar un poco de más para que otro no pase tanto hambre, o comprar alguna mercadería extra para aportarla? Hay gente que deja papas, fruta, bandejas con algo elaborado para comer que permanece ahí apenas unas pocas horas. También coloqué unos clavos para colgar abrigos, sacos de lana. Nada dura mucho tiempo: se llevan todo”, indicó la vecina de Tolosa, para quien, la buena noticia sería “levantar el estante porque ya no lo necesita nadie”.

UNA IDEA DEL PEQUEÑO PEDRO

El matrimonio de Diego y Gisela Sessa, dueño de un restó situado en 12 y 72, se inspiró para llevar adelante su obra en una idea su hijo Pedro, de 4 años. El nene va al colegio Castañeda y un lunes de hace unos meses vio a un señor en la entrada de la parroquia San Francisco, en 12 y 68. “Te quiero invitar al bar de mi papito”, le dijo el nene y el hombre esa noche cenó en local.

Desde entonces, los miércoles, que es un día de la semana con pocos clientes, los cocineros del lugar preparan un plato de olla que ofrecen gratis a las personas que no pueden pagar y un menú social, a $50, para aquellos que, como los definió Gisela, “no son pobres, pero les cuesta llegar con sus ingresos a fin de mes”. El precio bien barato atrae, por lo general, a estudiantes, jubilados y otras personas con algunas dificultades en la economía doméstica. Igual, los propietarios del lugar no necesitan que nadie explique ni certifique sus necesidades. “Nos basamos en la buena fe de la gente; y si alguien viene un miércoles y dice que no puede pagar o que quiere la opción de $50 se le sirve en la mesa”, aclaró Gisela al tiempo que destacó que ahí, en esas condiciones, “come mucha gente” y que no sólo son vecinos de la zona sino también de barrios alejados. “Hay un hombre -contó- que viene siempre. Se toma el 275 en Punta Lara y cena acá”.

PUENTE A LA AYUDA

Sin saber de todas estas propuestas concretas, pero enterado de la angustiante vivencia de las personas en situación de calle, Gustavo Riscosa creó un link en Google Maps en el que están señalados los centros de ayuda para la gente que vive en la puerta de los hospitales, bancos e iglesias. Vecino de Villa Elisa dedicado a la Informática, viaja todos los días al casco urbano platense para trabajar, ve repetirse, al regresar a su casa, a través de la ventanilla de su auto, la imagen de hombres y mujeres que duermen en la vía pública, y armó esta herramienta interactiva, que le sirve tanto a los que necesitan algún respaldo material como a los que salen al rescate del sector social más débil.

Para acceder a la información del mapa, explicó Riscosa, hay que ir al link goo.gl/d3uJsC. Abierto para la consulta a todo el mundo, ahí se distinguen las zonas donde hay personas en situación de calle y lugares para dormir o comer. Cualquiera puede, además, cuenta de gmail mediante, incorporar sectores donde haya personas que necesitan ayuda y centros de asistencia a esas personas.

“El objetivo es que el vecino que quiera colaborar con la gente que vive en la calle entre al mapa, consulte y vea las distancias entre unos y otros. Figuran los lugares donde la gente puede dormir, locales gastronómicos que ofrecen comida, roperos comunitarios, todo lo que significa un sistema solidario. Me pareció que así es más fácil organizarse”, resaltó Riscosa.

El joven informático cree firmemente, para la concreción de estas empresas, en el valor del aporte individual del “grano de arena”.  Y le dio la razón, en ese sentido, la repercusión que alcanzó su iniciativa: la semana pasada, el mapa recién inaugurado recibió 800 visitas de usuarios, y ahora ese número toca el 5.000. “Así estamos todos compartiendo un espacio. De manera individual ayudar sería más difícil, en cambio, de esta forma la gente se junta y trabaja en conjunto”, opinó.

EN PROYECTO

Como se advierte al conversar con la gente que emprende obras solidarias, la mayoría de las veces el impulso de ayudar con una labor concreta surge después de un encuentro con personas en situación vulnerable en el que se expresa cierta empatía.

Tal fue el caso de Diana Medina, propietaria junto a otros emprendedores, de un hostel situado en 16 y 60. “Venía un domingo de la iglesia y me crucé con una mamá y una criatura, muy pobres, bajo la lluvia. La escena me partió el alma, y entonces llegué y les dije a mis socios: “tenemos lugar, camas y colchones; organicémonos y hagamos algo con las personas que viven en la calle”.

El embale bien valió la pena. Para la semana que viene está previsto inaugurar en ese alojamiento un sector (amplio, con capacidad para unas cuarenta plazas) destinado a personas que no tienen donde dormir. Por ahora se habilitará una docena de camas, pero en la medida que se reciban colaboraciones y se puedan adquirir más de esos muebles y colchones la oferta se agrandará, adelantó Medina.

UNA APP SOLIDARIA

A fines del año pasado, dos apasionados por la tecnología lanzaron desde La Plata una app para ayudar a la gente sin techo. Se trata de “Sindiferencia”, una aplicación gratuita para teléfonos celulares que permite conocer la ubicación de las personas en situación de calle que están más cerca nuestro a fin poder asistirlas. Se trata de “un mapa colaborativo para acercar a aquellos que necesitan ayuda con quienes los podrían ayudar”, resumía entonces Gabriela (31), que nació en La Plata y se formó como licenciada en Administración en la UNLP.

“Todo el tiempo nos cruzamos con gente que vive en la calle y a fuerza naturalizar su presencia la dejamos de ver. Por eso con esta aplicación buscamos también que las personas que van caminando y que detectan a alguien en situación de calle no sigan de largo, sino que abran su teléfono y marquen en una ficha dónde se encuentra, qué necesidades tiene; si se trata de un grupo de chicos, un anciano, un hombre o una mujer. No hace falta entablar contacto con ellos, simplemente observar si les falta abrigo o comida para que alguien que pueda brindarles esa ayuda los pueda localizar después”, explicó Gabriela.

La aplicación se encuentra disponible tanto para Android como para iPhone. Se la puede descargar en forma gratuita desde Google Play y Apple Store, así como también desde la página web: www.sindiferencia.com. Y funciona en todo el mundo porque la actitud de ayudar no depende del lugar en el que uno está.

 

 

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