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24.11.2017
EDITORIAL

Tardía reacción para evitar la anarquía vial en el Distribuidor

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Si bien es cierto que resulta imperiosa la construcción de obras de infraestructura urbana, como las camineras o hidráulicas -y de que ello supone, en la mayoría de los casos, la creación temporaria de trastornos para el tránsito- una larga experiencia enseña que las autoridades responsables deben adoptar todas las previsiones posibles para reducir al mínimo los problemas que esos trabajos causarán en la vía pública.

Ahora, tal como lo destacó una nota publicada ayer en este diario, la recién iniciada construcción de un puente sobre el camino Centenario a la altura del Distribuidor Benoit se convirtió en una suerte de vale todo para los automovilistas, cuando centenares de conductores que transitaban desde La Plata hacia la zona norte decidieron esquivar las restricciones existentes, “habilitando” en forma espontánea el espacio verde y los taludes existentes para acceder hasta el camino Belgrano. Literalmente, “se colaban” hacia esa traza mediante una maniobra tan arriesgada como prohibida.

Sucede que por estos días en el Distribuidor, allí donde la traza se bifurca entre aquella que desemboca en el Belgrano y la que lleva al Centenario hay un bloqueo vial en la primera. De modo que los automovilistas que viajan en sentido a capital federal necesariamente deben continuar por este último camino. De hecho, hay un vallado que interrumpe el paso hacia el norte platense acompañado por señalética vial que indica que se debe girar hacia el Centenario.

Sin embargo, en hora pico, anteayer pudo verse a muchos conductores que, tras pasar los vallados que impiden avanzar por el Belgrano, retomaban hacia ese camino subiéndose al césped de la divisoria entre ambas trazas. Según los testigos, lo hacían, o bien para esquivar los embotellamientos que se producen en el Centenario a la altura del puente en construcción, o bien para llegar sin tantas vueltas a uno de los hipermercados que se encuentran a esa altura del Belgrano.

Tardíamente reaccionaron los responsables de la obra y las autoridades municipales y recién ayer por la mañana colocaron un vallado y un considerable talud de tierra sobre el camino General Belgrano para impedir el paso de vehículos por la senda cerrada al tránsito.

Se sabe que la maniobra que se practicaba -además de exhibir la proverbial indisciplina de muchos conductores- era riesgosa, en especial para los automovilistas que, en sentido contrario, circulan desde el norte platense hacia el Centro en ese tramo del Belgrano. Ocurre que algunos metros más adelante, a la altura del hipermercado Carrefour, donde ya no existe una rambla divisoria de carriles, los automovilistas que circulaban hacia el casco urbano se encontraban, por sorpresa, con los que, en flagrante infracción, aparecían en la otra dirección.

Se está hablando del principal acceso a la Ciudad, el Distribuidor Benoit, un núcleo caminero caracterizado por una fluida y permanente circulación de vehículos y que, por consiguiente, requiere perfectas condiciones de seguridad y transitabilidad. Si, temporalmente, éstas se encuentran neutralizadas por obras de envergadura, las autoridades debieran haber acentuado las prevenciones para evitar todo atisbo de anarquía vehicular.

No hace mucho se vivió la experiencia negativa originada por la repavimentación y ampliación de avenida 122, que fue representativa –por las demoras que insumió, por los innumerables problemas que le creó a los vecinos y al tránsito- de lo que ha ocurrido con muchas obras públicas, especialmente con las referidas a remodelaciones de avenidas y reparaciones de calles. Tanto de ese caso, como de otras obras de magnitud –como, por ejemplo, las de la aún reciente ampliación de la Autopista- las autoridades viales deberían haber extraído conclusiones útiles para evitar que se produzcan problemas como el ahora planteado en el Distribuidor.

Lo vivido anteayer demostró, en cambio, la falta absoluta de fiscalizaciones y, sobre todo, de orientaciones debidas a los conductores, para que utilicen las otras salidas alternativas, como las que ofrecen las avenidas 7, 19, 25 y 31 que permiten ingresar y salir del casco urbano sin tener que pasar por el Distribuidor.

Sin perjuicio de que debe impedirse a los conductores que improvisen itinerarios sobre espacios verdes, poniendo en peligro la integridad física de terceros, y, en su caso, aplicarles las sanciones previstas por las leyes del tránsito, le incumbe también a las autoridades responsables evitar que las obras públicas causen trastornos y se traduzcan, inclusive, en riesgos de diversa naturaleza. Para ello es que deben existir planificaciones racionales, de modo que la programación de los trabajos permita una fluida ejecución, reduciéndose al mínimo perjuicios o molestias que nada tienen que ver, desde luego, con la finalidad positiva que debe ser intrínseca a toda obra pública.

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